Editorial: El gremialismo que pagamos todos

La elección del viernes pasado en el Sindicato de Trabajadores Municipales (STM), instancia democrática de la que –llamativamente- no se avisó a muchos medios de comunicación de Luján, está bajo la lupa.
Tal como detalló este medio en su edición del miércoles pasado, y el mismo viernes en la web www.elcivismo.com.ar, Samuel Enrique Peñalba fue presuntamente reelecto en el cargo de secretario general del STM.

Se dice “presuntamente” porque el Ministerio de Trabajo aceptó una presentación de la lista que fue inhabilitada para participar de ese comicio, ya que suponen que hubo maniobras “non sanctas” para dejarla afuera de la contienda. Y ahora ese organismo nacional deberá avalar o rechazar el pedido de impugnación de las elecciones.

En ese contexto, Peñalba y su gente lograron que poco más del 56 por ciento de los afiliados al STM respaldaran a su lista. Según los voceros de Peñalba, “más de doscientas personas”; según la cifra que arroja el listado de afiliados que Peñalba facilitó a sus contrincantes, menos de doscientas.

Tan viciada estuvo la elección del viernes pasado que dos de los tres integrantes de la Junta Electoral que debe velar por la transparencia en el proceso de elección, se sumaron a los festejos y las fotos de los “ganadores”.

Como indican quienes miran esas elecciones de cerca pero sin una participación directa, “problemas de aquellos que se prestan a los peores juegos del gremialismo” y más aún “a las maniobras de la familia Peñalba, que vive del sindicato”.

Lo preocupante para los lujanenses en general, es decir, no sólo para aquellos interesados en rapiñar una porción de poder en un sindicato, es que todo esto ocurre en desmedro de los recursos públicos. ¿Por qué?

Un par de situaciones constantes pueden arrojar luz sobre esa consulta. Después de la derrota electoral de Miguel Prince en 2007, Peñalba y su estructura habían quedado debilitados. Y le costó varios meses recomponer un armado sindical que le permitiera salir a rezongar por las condiciones laborales. De hecho, seguramente se habían olvidado de ese proceder.

Pero pasó el tiempo y la lamentable administración de Rosso no hizo más que alimentar a los derrotados. Sin intenciones de juzgarlo por haber golpeado a uno de sus funcionarios, Rosso sólo atinó a buscar gente que a través de los mismos métodos de Peñalba, lograra disciplinarlo. Fracasó.

Lo cierto es que se llegó a estos meses en los que Peñalba hizo todo lo que tuvo a su mano para retener su gallina de los huevos de oro: el STM. Y para eso, con apoyo estratégico desde el Concejo Deliberante, infló los justos reclamos de aumento salarial de los trabajadores comunales. Y generó una sesión extraordinaria por el cese de un contrato.

Con ese apoyo se desarrollaron paros y así seguirían las medidas de fuerza. ¿Alguien se preguntó cuánto le cuestan a la Comuna los paros municipales?

Mientras tanto, Rosso sigue mirando para otro lado. Algún día, antes de que se termine su mandato, alguien entenderá hacia qué lado está mirando.

La intendenta sabe que Peñalba, socio gremial del ex intendente Prince, dinamitará todos los sectores que pueda para dificultar su gobierno. Pero “deja hacer”. Hasta tan lejos llega su permisividad, que nadie sabe decir, por ejemplo, de qué trabaja Peñalba dentro de la Comuna. Y por qué habría más de cinco integrantes de su comisión que marcan tarjeta y no asisten a sus sitios de tarea. Eso sí, a fin de mes cobran su salario como el más cumplidor de los trabajadores.

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