La doctora quiere que su proyecto tenga continuidad a partir de las elecciones de 2011. El doctor pretende regresar al sillón con el que sueña desde 2007.
Pero no todo es claridad en el horizonte peronista, a pesar de la confianza reinante en esa fuerza sobre sus posibilidades en 2011.
Si bien sus referentes o candidatos nacionales y provinciales pueden arrimarles votos a su molino, los protagonistas locales y principales de esta cruzada electoral tienen demasiados desperdicios que esconder debajo de la alfombra.
La intendenta Graciela Rosso asegura a su estrecho grupo de confianza que no se postulará para la reelección. Y quiere alimentar la figura de alguno de sus colaboradores. Para ello, no sólo tendrá que conseguir la instalación de un nombre que todavía no asoma, sino que además deberá contar con la inteligencia suficiente como para potenciar sus logros y ocultar todo lo que prometió y –salvo un milagro- le quedará en el tintero.
En el horizonte de Prince, sólo habría margen para aferrarse, como lo hacen todos sus correveidiles, a los errores y horrores de la actual gestión de gobierno y aprovechar que la comunidad –en su inmensa mayoría propensa a la memoria de corto plazo- compare las falencias de la actual gestión como recuerdos de la anterior administración. Un dirigente que pretende meterse en la discusión electoral del año próximo graficó la situación: “es lo mismo que cuando te peleas con tu novia. Durante un tiempo, sólo recordás sus virtudes. Pero es cuestión de retomar la relación para refrescarte por qué te peleaste”.
Con más fuerzas que en años anteriores, María Inés Fernández amaga con sumarse a la discusión electoral. Para ello, podrá blandear que nunca se postuló para la máxima responsabilidad local y que experiencia y equipos técnicos no le faltan. Pero también tendrá que lograr despegar de gran parte de la opinión pública la sensación de mimetismo constante. Con Duhalde, con Kirchner, con De Narváez, otra vez con Duhalde, con Prince, contra Prince, con Rosso, contra Rosso son muchos saltos para digerir en el electorado.
Ariel Notta acarrea un problema similar. Fue actor protagónico en algunos de los peores años de gestión de Prince, defendiendo sus políticas primero en el Departamento Ejecutivo y más tarde desde el Concejo. Pero Prince le frenó la escalada como a todos los que comienzan a hacerle sombra y de allí surgió el efímero acuerdo con Rosso. Hoy pretende colar su mensaje –y seguramente una candidatura- entre esas orillas. Habrá que ver si le alcanzan los recursos, los contactos y el tiempo para construir una candidatura.
Los mencionados no serían los únicos dentro del abanico peronista. El sector local de De Narváez, con Pablo Tonini a la cabeza, querrá marcar su territorio. Rodolfo Socolovsky lucha hace años por conseguir un espacio dentro del peronismo. Lo mismo sucederá con todos los que se arrogan ser la voz local del ex gobernador Felipe Solá. Alguno querrá aprovechar los recursos de campaña de los Rodríguez Saá. Y hasta el novo lujanense Claudio Nazar dice que quiere pelear el sillón de San Martín 550.
Por diferentes razones, ninguno tendrá el camino sencillo. No queda mucho tiempo para descubrir cómo construirán su discurso electoral; de qué se van a disfrazar para convencer a los vecinos.



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