Cuesta salir del asombro. Primero, porque se esté debatiendo sí o no a una ley que no hace más que equiparar los derechos entre los ciudadanos. Segundo, por el contenido que desde diferentes sectores se le pretende imprimir a la discusión.
La nota generó una explosión de comentarios en nuestro sitio web, de los que extraemos algunos “enriquecedores” ejemplos, tal vez exagerados por esa impunidad que regala el anonimato.
“Las uniones entre personas del mismo sexo son esencialmente distintas e incompatibles con la institución matrimonial fundada en la unión de varón y mujer. Tales uniones no prestan la misma función social ni pueden ser equiparadas al matrimonio. La familia integrada por un padre y una madre es el mejor ámbito para el desarrollo pleno del niño. Con ese fin el Estado ha de adoptar medidas de promoción y consolidación del matrimonio. Es importante establecer redes de contención para las parejas en conflicto y ayudar a los padres para que puedan ellos a su vez estar a la altura del don maravilloso de la paternidad y maternidad”.
“Se juntan firmas en Capital en la calle Balcarce Nº 50 (es una casa toda rosada, habitada por una mujer sin escrúpulos) o también en la puerta del infierno. Satanás te facilita la lapicera, suerte con tu conciencia (en caso de tenerla)”.
“Estoy a favor del matrimonio o de la unión, como quieran llamarla. Pero es una locura dar en adopción a un niño con tantas familias bien constituidas que están esperando”.
“Matrimonio. (Del lat. matrimonĭum). 1. m. Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales. 2. m. En el catolicismo, sacramento por el cual el hombre y la mujer se ligan perpetuamente con arreglo a las prescripciones de la Iglesia. ¿Quién será el hombre y quién la mujer? La palabra Matrimonio para los gays es demasiado grande. Que les den la unión civil y listo, si no les gusta mala suerte”.
“En vez de procesiones, haremos ‘marchas del orgullo gay!!’ Lujan Gay Friendly! Urra el orgullo gay!!”.
“Dejemos de lado la religión! Acá hay un problema esencial: la posibilidad de adoptar niños por parte de parejas del mismo sexo. Eso es un problema para la correcta educación y desarrollo psicológico del niño. Esa es la verdadera discusión. Si parejas del mismo sexo quieren juntarse y gozar de derechos como pensión, etc, bienvenido. Pero no deberían poder adoptar, porque ese ámbito de desarrollo no sería el mejor para niños”.
“Así como surgió la firma en aceptación del matrimonio de un mismo sexo, surge así su contraria, por medio de la iglesia, pero lo que se debate aquí, mas allá de ser católico o no (yo no lo soy) es lo que representa esta aprobación. Todos tenemos opiniones diferentes y fundamentos para el sí y el no y considero en mi formación cristiana, que no es aceptable la unión legal de personas de un mismo sexo, porque es antinatural, y no provenimos de los homos sapien, ya fue científicamente descartada la teoría darwiniana. Génesis 1:26 Dios dijo: Hagamos al hombre a imagen y semejanza nuestra. Génesis 2:22-23 Dios formó a la mujer para compañera del hombre”.
Increíble pero real. Ese es el tono al que llega este debate. Y más increíble aún, no difiere en grandes trazos con el contenido del debate legislativo.
Gente juzgando cuál es el ámbito indicado para el desarrollo de un niño. Gente afirmando que los niños se desarrollan como corresponde sólo si tienen un padre y una madre, sin reparar en minucias de esas que abundan en los juzgados que atienden casos de violencia familiar. Gente diciendo que “en todo caso, se otorgue la unión civil a los gay” y “si no les gusta, mala suerte”.
¿Tan utópico es plantear la sanción de esta o cualquier otra ley desde la tolerancia por la diversidad o, visto desde otra óptica, desde el respeto a todos los seres humanos por igual? ¿Más utópico aún es plantear que se pueda legislar en este tema en particular basándose simplemente en el amor? En todo caso, ¿no será “amor” una de las palabras más repetidas en las homilías de los templos religiosos a través de los siglos? ¿La Iglesia tiene que imponer sus creencias en todos los ámbitos del Estado?
¿Hace falta preguntar a dos personas que se aman y quieren estar juntas de qué sexo son?, preguntó una lectora entre el mar de comentarios.
Lo cierto es que evadir la discusión y la sanción de una norma que regule una realidad latente es sólo propio de una sociedad hipócrita. Y una última pregunta: ¿a quién perjudica o molesta que se sancione una ley que permita el matrimonio entre personas del mismo sexo? Por el contrario, ¿a cuántos beneficia y haría feliz?
Este y todos los textos generados a partir del desarrollo del debate deberían guardarse. Y así, dentro de algunos años, recordarlos con asombro, como hoy se pueden recordar los debates para permitir el voto femenino o la implementación de la ley de divorcio.
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