Editorial: El adiós desde sus logros

El país no sale de la consternación por el fallecimiento de Néstor Carlos Kirchner, ex presidente de la Nación; diputado nacional y presidente de la Unasur, sin mencionar los cargos en su provincia natal.
Tal como señalaban algunos diarios del jueves, con Kirchner se fue el político que enfrentó las discusiones de fondo que todos sus antecesores esquivaron.

En un terreno inestable, por no decir devastado, supo construir los cimientos para una economía nacional sólida. Tan sólida que hoy, sin temor a equivocarnos, podríamos asegurar que la mayoría de los argentinos desconoce el nombre del ministro de Economía.

Con todas las observaciones que pueden realizarse a los métodos de medición de los organismos oficiales, nadie podrá negar el crecimiento en la tasa de inversión; el aumento -hasta triplicar- en el monto de reservas internacionales (14.119 millones de dólares en 2003; 45.710 millones de dólares en 2007) o la reducción durante su mandato en 30 mil millones de dólares de la deuda externa, lo que permitió recuperar la soberanía con gestos muy notorios. Antes de Kirchner, cualquier payaso con diploma que enviara el FMI a estas tierras era tratado como rey.

Con salarios que luchan palmo a palmo con la inflación para no perder su poder adquisitivo, hubo un repunte en los ingresos y un saludable regreso de las paritarias. En consonancia con ello, la tasa de desocupación bajó de 20.4% en 2003 a 9,8 en 2007, siguiendo esa tendencia durante la gestión de su esposa.

Las medidas económicas adoptadas por “el matrimonio presidencial” (como se expresó desde este mismo espacio en reiteradas ocasiones) derivaron en una reducción notoria de la pobreza, que según cifras oficiales fue de un 54% en 2003 a 23,4% en 2007. Ello se adosó otra decisión que logró que muchas familias al menos asomen la cabeza en el umbral de la indigencia: el establecimiento de la Asignación Universal por Hijos, fijando como condición la escolaridad de los beneficiarios. Y un sistema de actualización de los haberes jubilatorios que podría ser mucho más justo en la distribución de los recursos previsionales, pero que representa bastante más que lo establecido por gobiernos anteriores.

Hay otros sectores de la sociedad que en estos días de consternación por su fallecimiento optan por aferrarse a otro aspecto del kirchnerismo en ejercicio del poder. Kirchner fue el impulsor de los juicios a los ex represores y coronó esa decisión –aún en marcha lenta- con la foto que quedará en los manuales de Historia: descolgando el cuadro de Videla en el Colegio Militar.

Fue, además, gestor de una conformación de la Corte Suprema que sólo un necio podría tildar de adicta a la gestión del momento. En décadas pasadas, ese organismo era un mero apéndice de las necesidades y caprichos del gobierno de turno.

En política internacional, priorizó los acuerdos regionales a las relaciones carnales con parejas de dudosas intenciones. Fue así como accedió a la Presidencia de la Unasur por elección unánime.

En aquello de enfrentar las peleas que otros esquivaron, Kirchner propulsó la sanción de una Ley de Medios que reemplaza a la acuñada durante la última dictadura militar y que busca la desconcentración de los medios de comunicación, en parte –es cierto- borrando lo que él mismo ayudó a consolidar en sus primeros años de su gestión. En este ámbito, el camino recorrido hasta hoy es muy corto, pero su proyecto deja establecida la estructura para un cambio.

Sin dudas, en sus años de gestión directa o de trabajo subterráneo para aportar a la administración de Cristina Fernández, hubo ocasiones en las que Kirchner equivocó los métodos. En ocasiones, eligió la confrontación al consenso; las alianzas con viejas o malolientes estructuras; o la condena a los mensajeros en lugar de revisar sus propios mensajes.

En todo caso, esto último es tan cierto como la afirmación de que esta semana despide a Kirchner un país en mejores condiciones que las vigentes cuando él comenzó a escribir la historia de la política grande.

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