Como es usual, una vez más en la zona sur del casco urbano se han registrado nuevos déficits en la percepción del servicio de luz. Lo llamativo de este caso en particular es que la fase que nutre de energía a la zona de calle 60, sobre la 26 y la 59, sufre constantes cortes que se registran aproximadamente desde el año 1987, es decir, antes de que el servicio fuera concedido -privatización mediante- a la empresa Edelap.
Extraoficialmente, trabajadores de Edelap y de empresas subsidiarias revelan la presencia de material (mediante el cual se conduce la energía) altamente deteriorado y en constante reciclaje, razón por la cual los transformadores que aglutinan las conexiones de todos los hogares de la zona colapsan. Afirman también que la mayoría del material utilizado es el mismo que existía antes de la privatización de la empresa de luz y que se encuentra obsoleto.
Esta situación de deficiente prestación de servicios se constata en muchas zonas de la ciudad, pero en pocos casos se ha registrado tal letanía en responder a un problema que afecta a un servicio vital como es el de la energía eléctrica.
Como es usual en las últimas gestiones de gobierno municipal, las respuestas de las autoridades comunales se resumen en no hacerse responsables y delegar cualquier tipo de reclamo a la empresa prestadora del servicio, excusándose con que “nada está a su alcance para resolver dicho problema”. Prueba de ello es que el proyecto del Presupuesto Participativo referente a la zona de 26 y 60 sólo se resume a remodelar la plaza Brandsen o Perón. Estos espacios verdes se encuentran en buen estado porque han tenido varios arreglos, cosa que quita el velo al desconocimiento total por parte de las autoridades sobre los reclamos del barrio.
La empresa por su parte, en momentos de cortes de luz, rara vez atiende los reclamos telefónicos de los usuarios de la zona pero algunas sugerencias de los operadores hacia los damnificados es que “soliciten el cambio de fase” (es decir, la conexión a otro transformador cercano de la zona). Ésta no sólo no es una solución, sino que trae como consecuencia que otros transformadores se sobrecarguen y dejen sin luz o con problemas de suministro a zonas que antes no padecían dicho inconveniente de manera regular.
Los últimos cortes se registraron en los días 7 y 8 de diciembre, dejando como saldo heladeras, televisores y otros electrodomésticos quemados por el constante ir y venir de la luz. En fin, costos que seguramente no terminarán pagando la empresa o el municipio, sino los vecinos.
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