Fernando GonzalezNo diremos es la economía, estúpido, porque desde que Bill Clinton lo escribió en su pizarrón de campaña en 1992 su frase histórica se ha repetido demasiadas veces. Pero está claro que ahora, con todas las cartas sobre la mesa, los dirigentes argentinos han elegido a la economía como el eje de sus propuestas electorales para la batalla por el poder que acaba de comenzar y terminará el 23 de octubre o el 20 de noviembre si hay segunda vuelta en la elección presidencial.
A la Presidenta no le importaron los pataleos del Partido Justicialista; el llanto acongojado de Hugo Moyano y la CGT ni la asombrosa obediencia debida de Daniel Scioli. Eligió a Amado Boudou para que la acompañe en la apuesta por la reelección porque simboliza la línea económica de su gobierno y ha sido leal hasta para defender los aspectos más cuestionables de su gestión. Los inicios del ministro en la Ucedé o sus malos registros en las sondeos electorales la tienen sin cuidado a Cristina. El escandaloso caso Schoklender afirmó su creencia de que debe aprovechar las ventajas de esta economía que combina alto consumo con alta inflación y, en esa dirección, va toda su estrategia de campaña.
Aunque jamás lo reconocerá, a Cristina no le pasó por alto la elección del candidato a vice que había hecho Ricardo Alfonsín. La presencia del industrialista Javier González Fraga en una de las fórmulas opositoras mejoró las chances de un Boudou que no había pasado el filtro de la elección porteña. Para la Presidenta, el arranque que Alfonsín le dio a su campaña y su alianza bonaerense con un diputado de perfil empresario como Francisco de Narváez lo convirtieron en el rival a vencer. Harán lo posible para evitar que el postulante de la UCR se recorte como el principal oponente de la oposición pero, como lo indican ya algunas encuestas, creen que será inevitable la polarización. Por eso, buscarán a toda costa lograr la luz necesaria para ganar en primera vuelta y sortear el enorme riesgo de un ballottage.
El cierre de listas de candidatos mostró en carne viva las dificultades de Eduardo Duhalde y Hermes Binner para consolidar sus frentes electorales, uno con la familia Barrionuevo y el otro con Pino Solanas. El ex presidente, de todos modos, también apostó a la economía y lleva de urgencia a un legislador con mirada económica en Buenos Aires (Eduardo Amadeo), y a un economista clásico, Martín Redrado, como postulante a diputado nacional por la Ciudad. El ex titular del Banco Central de Néstor Kirchner deberá enfrentar a Roberto Feletti, el viceministro de Economía que hizo temblar al establishment cuando habló de profundizar el populismo y reconoció que el Gobierno no tenía límites ante la perspectiva de un triunfo electoral. ¿Alguien lo castigó a Feletti por sus dichos? No. Cristina lo hizo candidato a diputado.
Boudou, Gonzalez Fraga, Redrado, Feletti. La economía será la gran estrella del tramo final de la campaña. Y aunque el kirchnerismo considere que ese escenario amplía sus ventajas, es muy positivo que el debate se focalice sobre el aspecto económico. La inflación; la persistencia de la pobreza; la mala distribución del gasto y el freno ya inocultable de las inversiones son apenas algunos de los puntos débiles que muestra esta Argentina que sigue desperdiciando los altísimos ingresos de la soja. El próximo presidente, será aquel que señale el camino más conveniente para corregir el rumbo antes de volver a chocar y lamentar una nueva oportunidad perdida.















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