Se conocieron las primeras estadísticas oficiales del Producto Bruto Geográfico de Mendoza correspondientes a 2011, período en el que se observa una desaceleración. Economistas dicen que es acorde con el “patrón nacional”.
Si bien se destaca la recuperación a la salida de la crisis internacional de 2009 y el hecho de que finalmente la provincia haya cuadruplicado la estimación inicial de crecimiento, el menor ritmo también queda expuesto en la foto de la última década y algo más. Comparativamente, mientras la variación acumulada desde 1999 fue del orden del 57%, la de del país fue casi 3 veces superior.
A criterio de los economistas, se debe a que, precisamente, la provincia no es una isla. “En términos generales, responde a la desaceleración de la economía en su conjunto; Mendoza, por más prosperidad que pueda registrar, sigue muy de cerca el patrón nacional. Lo cierto es que existe una pérdida de competitividad”, analiza Elizabeth Pasteris, investigadora de la UNCuyo y coautora -junto al académico Aldo Medawar y un equipo que completan otros tres profesionales- del estudio “El Producto Bruto Geográfico de Mendoza en los años 2010 y 2011”.
Allí se remarca cuánto influyen los golpes de timón luego de que una curva en ascenso sostenida desde el fin de la convertibilidad llevara el PBG a un pico en su valor bruto de $ 25 mil millones en 2010 y allí empezara a declinar.
Para los expertos “obviamente, la política económica interna tiene un rol fundamental en el crecimiento y en la estabilidad del sistema. En este sentido, se puede advertir que la economía argentina es muy fluctuante”.
Crecimiento versus inversión: Una relación que nadie excluye de los análisis y, en parte, también justificaría el hecho de que Mendoza crezca menos. El economista José Artola señaló que “otro factor de potencialidad está dado por la capacidad instalada y ociosa que quedó de la convertibilidad. Es la razón que en estos momentos marca la falta de inversión y la necesidad de energía e importación de bienes de capital”.
Pasteris coincidió en que “hasta donde puede conocerse, actualmente no hay industrias que estén al límite de su infraestructura”.
¿Hay modelo?
Al intentar responder el porqué del freno, queda en claro que hubo un cambio notable en los motores sobre los que recae el crecimiento económico de Mendoza. Según lo reflejan Gustavo Reyes y Jorge Day, del Ieral, Fundación Mediterránea, en la composición por sectores desde 2003 hasta 2010 inclusive, los bienes transables (agro, industria, petróleo, vitivinicultura, turismo) explicaron prácticamente la mitad de la tasa de evolución.
En cambio, durante 2011 los especialistas le atribuyen 1/3 de la incidencia en la expansión económica provincial y observan que resignaron terreno frente a los bienes no transables (construcción, finanzas) y la actividad comercial.
Según el equipo académico de la UNCuyo, la participación relativa de los distintos sectores también varió. El estudio da cuenta que, salvo comercio (el segundo en importancia, con un valor bruto de producción anual de $ 5,7 mil millones) y transporte, el resto de los rubros perdió peso.
De hecho, la industria manufacturera, la de mayor incidencia históricamente y que había aportado $ 7,9 mil millones, cayó un punto hasta ubicarse en 31,7% mientras que minas y canteras se retrajo del 11% al 10,4%.
Por eso, analistas como Artola, ponen en tela de juicio la existencia de un modelo económico, más allá de las promesas de modificar la matriz productiva. A la vista de los datos oficiales “queda claro que en Mendoza no hay modelo o que es muy poco competitivo, lo que resulta en la caída de la producción y el abandono de las zonas rurales para amontonarse en los barrios marginales”, dijo
Agregó que frente a un 85% del territorio provincial improductivo y la desindustrialización sistémica durante décadas, se sostiene como único modelo al turismo, al petróleo, la construcción y el vino, junto con el nombramiento de decenas de miles de empleados públicos en cada gestión o, peor aún, la gran cantidad de planes sociales existentes”, concluyó Artola.

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