Echeverría: Opinión: Gray se aferra a su estilo y fomenta su política de “diálogo de sordos”

El Intendente comenzó su segundo mandato fiel a su estilo: habló de diálogo, de consenso, pero no habló con la prensa y no invitó a la oposición a la apertura. Cada vez más cerrado en su círculo íntimo, su gobierno se parece a su jefe político: un monólogo sin matices y sin la apertura enunciada.
La apertura de sesiones ordinarias 2012 en Esteban Echeverría marcó la continuidad de una costumbre del intendente Fernando Gray. Sus palabras, escuetas y bien ensayadas, pudieron haber sido dichas en ese u otro acto. No importa. Escritas para la ocasión, apeló a los lugares comunes, pero fueron desmentidas por la propia realidad. El jefe comunal habla de diálogo, pero nunca recibió a los trabajadores municipales. Habla de consenso, pero su estilo centralista no da ninguna libertad a sus funcionaros más allá de su propia sombra. Habla de kirchnerismo, pero lo desmiente con su trayectoria. Casi como un trámite, Gray inició su segundo mandato fiel a su estilo: sin contacto con la gente, los medios, los concejales y hasta sus propios funcionarios. Una actitud que lo puede alejar de la realidad hasta puntos preocupantes.

Las palabras de Gray son, así dichas, siempre promisorias. “Invocamos a todos los hombres y mujeres de bien a ratificar nuestro esfuerzo de cara al centenario. Convocamos al diálogo, a la participación, a la tolerancia de todos los sectores para que juntos, Municipio, Provincia y Nación, podamos continuar en el camino del crecimiento, agradeciendo el aporte del gobernador Daniel Scioli y de la presidente Cristina Fernández de Kirchner y de todos y cada uno de los vecinos de Esteban Echeverría”, afirmó. Pero el repaso por su gestión desmiente cualquier esperanza de diálogo, una falencia que en el distrito ya roza lo caprichoso.

El largo y tenso conflicto con los trabajadores ratifica este doble discurso. Para empezar, el diálogo prometido nunca se cumplió en la primera gestión el Intendente. Nunca los delegados fueron recibidos, e incluso en algunas negociaciones en el seno del Ministerio de Trabajo Gray envió funcionarios de tercera línea, sin poder de decisión y sin propuestas concretas. “Los modos del intendente no son los mejores”, repiten en los pasillos del palacio comunal.

La semana pasada, en medio de la negociación paritaria, Gray volvió a insistir con su intransigencia, parte de su estilo de gobernar. No sólo no mejoró la oferta salarial, sino que anunció el posible despido de seis trabajadores, apelando a una junta disciplinaria. Nada de diálogo, un verdadero apriete que no resuelve el conflicto, sino todo lo contrario.

Horas después, hace la oferta, la cual es rechazada por los trabajadores (ver nota del viernes 30 de marzo). Pero en el gabinete municipal no se dan por enterados, y afirman en estos días que “esperan la respuesta” de los delegados municipales. Otra muestra del diálogo roto que no hace más que ningunear a los empleados, ante la pasiva mirada de los concejales y el resto de los funcionarios, mostrando el carácter piramidal de la gestión comunal.

En cuanto a su armado político, está claro que el cerrado círculo que lo rodea es una interesante mezcla de viejos referentes del peronismo, radicales devenidos en militantes K y un grupo muy chico de colaboradores que crecieron junto al intendente desde sus primeros pasos en Desarrollo Social, donde forjó su imagen de “íntimo” de Alicia Kirchner, pero que en la realidad apenas puede sostener con algunos actos circunstanciales que no pueden desmentir que la Ministra dejó de considerarlo “su ahijado” para tenerlo como “uno más” de los intendentes que hacen cola para reclamar por planes sociales.

El “bunker” del cuarto piso es una fortaleza inexpugnable para la gran mayoría, incluyendo sus funcionarios. Pocos forman la “mesa chica” del ejecutivo. Un ejemplo claro lo da el que un secretario se haya enterado por los medios de que su futuro estaba en el HCD, y no en la cartera que conducía.

El diálogo debe fomentarse. Sin invitación para la oposición, la apertura de sesiones fue un acto oficialista. Incluso la prensa no pudo hablar con el Intendente. Como hizo en la famosa audiencia pública por la basura, en 2008, Gray dijo lo suyo, saludó y marchó sin mayores contactos. Es su costumbre. Más allá de un grupo privilegiado de periodistas que hablan con él, tiene un nulo contacto con la prensa. No es un reclamo, cada funcionario tiene derecho a elegir con quien habla. Pero esa actitud choca con su discurso de apertura que apenas puede mostrar que lleva adelante.

Cuando el vecinalismo languidecía, y su líder Alberto Groppi se preparaba para dejar el poder luego de 12 años de gobierno, una de las grandes dudas era si existía capacidad de renovación para sostener este espacio fuera de la municipalidad. La realidad marcó que no, que los “herederos” de ese espacio apenas pudieron mostrar algún grado mínimo de construcción, y hoy son actores de tercera categoría en el escenario local. Esto facilitó la hegemonía de Gray, que unificó el justicialismo (que luego abandonó, sin actividad ni diálogo) y barrió a la oposición, más por defectos ajenos que por méritos propios. Pero de diálogo y consenso, muy poco, por más palabras que se digan.

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