En los últimos meses es común escuchar que la sociedad juninense opera como una máquina de impedir. Easy intenta hacer pie y se levantan cientos de voces en contra. La Terminal todavía no empezó y los fomentistas ya están poniendo el grito en el cielo. Ni hablar de la llegada del famoso Bingo que hasta la confirmación de Walter Martello, diputado provincial por la Coalición Cívica, parecía un invento de este diario (Mario Meoni lo negó aunque se verá).
Ahora bien, ¿es tan así? Si se juntan un grupo de argentinos y quieren instalar una fábrica productiva en Estados Unidos, se les abren todas las puertas. De hecho, trámites que suelen ser complejos terminan simplificados. ¿Por qué? Porque una cosa es la producción, y otra muy distinta las empresas de servicios. Lo mismo pasaría acá. Mañana cae una fábrica con intenciones de posicionarse en el Parque Industrial, y enseguida la bendice un cura, obtiene varias notas en LA VERDAD y DEMOCRACIA, y hasta llega algún funcionario peleado para reconciliarse con el Intendente y sacarse la foto de rigor.
Por ejemplo, es cierto que en relación a la instalación de los denominados “Chinos” hay mucho prejuicio del feo dando vuelta. Sin embargo, existen sospechas de que serían una “cadena” más o menos encubierta, y no una serie de pequeños negocios individuales y separados. Si semejante estado de cosas terminara comprobándose, la competencia con los almaceneros resultaría desleal, ya que el poder de compra de estas organizaciones colectivas es mucho mayor. ¿Qué el beneficio lo tiene el cliente? Créanme que depende. Determinados emprendimientos secan las plazas, especialmente aquellos “ecosistemas” cerrados, poblaciones con menos de cien mil habitantes que tienen poca capacidad de reacción.
Los yanquis no impidieron la llegada de Carrefour por odio a los franceses. Simplemente, levantaron las armas porque se trataba de vendedores y no de productores; es decir, grupos que generaban algunas fuentes de trabajo para terminar devastando muchas otras.
Que el aterrizaje de Easy se discuta, como ocurrió en el pasado con las cadenas de supermercados, resulta sano. De hecho, el éxito y la aceptación de aquellas, no necesariamente anticipa el de ésta. También contribuye a la salud colectiva que el municipio transparente hasta el último detalle de las negociaciones en curso. Junín es una plaza valiosa y no al revés. Hay muchas empresas de servicios dispuestas a vender acá, y pocas ciudades tan ricas y pujantes como ésta. La posibilidad de negociación es inmejorable, y los juninenses tienen derecho a estar convencidos de que fueron explotadas al máximo por las autoridades. Insisto: Si venís a producir, no hay discusión que valga; si venís a vender, me reservo el derecho de admisión o le pongo un precio razonable. Además hay que estar atento: Nada de perder un año para arruinar a todos los comerciantes y generar un nuevo monopolio.
Con la Terminal ocurre algo parecido. El 80% de la población quiere que se traslade; al mismo tiempo necesitan saber quién es la empresa encargada, cuáles son sus antecedentes, cómo quedarán los números finales. Tengamos en cuenta algo: En el mundo, las organizaciones serias le dan (está en los contratos y constituye el 60% de los motivos de elección) muchísima importancia a la trayectoria, los trabajos previos realizados, el prestigio adquirido. El proyecto que se votará en agosto y casi seguro “saldrá con fritas” porque los números oficiales dan, es uno de los más grandes en la historia de Junín. Todos tenemos derecho a conocer incluso el más mínimo de los detalles que hacen a su concreción.
La posibilidad de saber y conocer es una de las grandes ventajas de las ciudades con menos de cien mil habitantes. Los americanos lograron conservar esa costumbre a pesar de contarse por millones, y es una de las pocas cosas admirables que quedan en pie de esa sociedad que, en muchos aspectos, está entrando en un período de decadencia. Quizá por falta de cintura comunicacional, el municipio no está siendo lo suficientemente claro a la hora de explicar cómo, cuándo y por qué. Alguna vez Javier Gabrielli me dijo que lo más interesante de estar en política es conocer todo aquello que, quienes estamos afuera, deseamos saber. Es una concepción errada del ejercicio político. Al contrario, la función de un buen funcionario es contar, explicar, hacer que entendamos. Lo demás es, en el mejor de los casos, mesianismo; en el peor, la necesidad de ocultar algo que al fin del día no se puede decir. Y sabrá Dios por qué no es comunicable.



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