Desde todos los partidos criticaron un eventual cambio y denunciaron "deseos de perpetuidad"
Desde candidatos presidenciales, hasta referentes parlamentarios y partidarios. Absolutamente todos los sectores de la oposición criticaron ayer la idea de una reforma constitucional.
Algunos la atribuyeron a los problemas del kirchnerismo para encontrar sucesor en 2015, mientras que otros pusieron en duda que la presidenta Cristina Kirchner apoye la iniciativa, pero todos le reclamaron al Gobierno que empiece por cumplir la Constitución actual y los puntos que ordenaba la reforma constitucional de 1994 que todavía están pendientes.
"Dudo que la Presidenta quiera rifar su prestigio en una aventura tan disparatada", señaló el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri.
En la misma línea, opinó su ex socio, el peronista bonaerense Francisco de Narváez. "Hoy más que nunca, para los argentinos es mejor cumplir con la Constitución que cambiarla. Estoy convencido de que la señora Presidenta opina lo mismo", sostuvo en un comunicado.
Otros referentes de la oposición no tuvieron la misma impresión y golpearon duro al Gobierno.
El senador Ernesto Sanz (UCR-Mendoza) pidió que el oficialismo se anime a reconocer que no pretende resolver un problema del país, sino "un problemón sólo del kirchnerismo: la sucesión de la Presidenta dentro de cuatro años".
El ex titular del radicalismo opinó que ésta será "la madre de todas las batallas" hasta 2015, y que la diferencia entre un modelo de país y un modelo de poder radica en que el segundo sólo funciona con un mismo liderazgo.
"Nos parece improcedente", también objetó el socialista Hermes Binner. El ex gobernador santafecino y ex candidato presidencial consideró que no es éticamente saludable que un gobierno pida modificar la Constitución en función de su beneficio personal. "¿Una reforma para qué? Porque ya se hizo una reforma y fíjese qué es lo que pasa: Santa Fe es la segunda provincia por producto bruto geográfico y, sin embargo, tiene un destrato del gobierno nacional preocupante", se quejó Binner.
El diputado Ricardo Alfonsín, su competidor radical en las últimas elecciones, advirtió: "La sociedad no ve con buenos ojos las pretensiones de perpetuidad tratando de cambiar la ley... después el gobernante resulta castigado". Alfonsín consideró que "hay funcionarios más papistas que el Papa", y recordó que la Presidenta había desautorizado públicamente expresiones previas que pedían una Cristina eterna.
"Esta gente tiene una tendencia permanente a no respetar la Constitución", se sumó el titular del bloque macrista en Diputados, Federico Pinedo.
Su compañera de bancada, la diputada Laura Alonso, se metió en ese tema y le sugirió al gobierno que "derogue los superpoderes, debata la coparticipación, regularice los entes de control de los servicios públicos intervenidos y apruebe la ley de acceso a la información pública", si quiere cumplir primero con la Constitución reformada en 1994.
El jefe de la bancada radical en Diputados, Ricardo Gil Lavedra, fue igual de drástico. "Es muy poco serio insinuar la necesidad de una reforma de una Constitución en la que el Gobierno ni cree ni respeta", dijo el ex juez del juicio a las Juntas Militares.
Para la diputada Margarita Stolbizer (GEN), los argentinos "ya tienen demasiados problemas sin respuestas como para tolerar una aventura reformista con la sola idea de la perpetuidad". La aliada bonaerense de Binner recordó que los Kirchner impusieron la reelección indefinida en Santa Cruz, pero opinó que el voto no es un cheque en blanco.
"La caja del Estado se va acabando y ya no alcanza para disciplinar la tropa del peronismo territorial y sindical", sentenció Stolbizer.
Desde Unión por Todos, la diputada Patricia Bullrich opinó que la idea de la reforma "muestra claramente que el kirchnerismo tiene in pectore la decisión de una re-reelección"..











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