Duro cruce entre Morales y Verna por el uso de reservas

El senador radical arremetió contra su colega opositor y lo acusó de haber vendido su voto. Ayer, en el recinto, dijo que el senador de La Pampa recibió fondos para apoyar un proyecto oficial
El debate sobre el uso de reservas del Banco Central para el pago de la deuda, que recibió media sanción en el Senado, tuvo otro momento tenso cuando el presidente del bloque radical, Gerardo Morales, el penúltimo orador, arremetió contra su colega opositor Carlos Verna, autor de la iniciativa cuyo texto era similar al decreto 298 del Ejecutivo.

"Esta ley tendría que llamarse la ley de los 600 millones", acusó sin sordina el jefe de la bancada opositora, "ya que el propio gobernador de La Pampa (Oscar Jorge) ha reconocido que, por el proyecto el senador Carlos Verna va a recibir la plata que el gobierno nacional debiera mandarle por propio derecho".

"Oscar Jorge ha admitido que, producto de esta ley, el Poder Ejecutivo le remitirá 309 millones de pesos para viviendas, más 200 millones como una cuota de compensación de deudas del Estado nacional con la provincia", sostuvo.

La acusación del radical tomó por sorpresa a los 70 legisladores que ocupaban sus bancas a la espera de una inminente votación con resultado cantado, mientras la chicharra del Senado convocaba de urgencia a los legisladores.

Los ojos sobreabiertos y los giros de cabezas mostraban el desconcierto que provocó el inesperado camino que tomaba la sesión a minutos de concluir.

"Yo no sé qué consecuencias va a traer esto para nosotros, y tal vez nunca más vayamos a ganar una votación en el recinto, pero debemos decirlo: esta es la ley de los 600 millones de pesos", insistió para acentuar el carácter acusatorio de sus palabras.

Se hizo perceptible que la intervención de Morales era algo más que una alusión al paso en una exposición obligada de media hora, cuando calificó la situación de "hecho muy grave que marca el nivel de deterioro de la calidad institucional y el nivel de decadencia con el que se continuará transitando en la Argentina hasta que no pongamos un freno".

Verna, aludido, pidió una interrupción y le fue concedida. El pampeano improvisó: "A la pregunta del senador Morales sobre lo que estamos haciendo acá, mi contestación es que lo que yo estoy haciendo es defender los intereses de mi provincia. Lo que dice el gobernador es que lo que ha disparado nuestra opinión favorable a pagar la deuda con reservas es una reunión".

"Evidentemente, mi gobernador ha estado convincente; lo único que ha disparado es una reunión. El artículo no dice que le pagan por una ley, dice que consiguió una reunión y en esa reunión se comprometieron a pagarle. Es decir, yo tengo un gobernador convincente", concluyó el senador, no sin estupor por parte de los senadores que hubieran gozado de tener mandatarios tan influyentes.

Verna incluso atacó al socialista Rubén Giustiniani, colega suyo del arco opositor, quien había planteado una cuestión de privilegio contra el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, por haber afirmado que los problemas del gobernador de Sante Fe, Hermes Binner, se hubieran podido arreglar si el legislador votaba de otra manera en el Senado.

El pampeano recomendó, según la versión taquigráfica oficial de la sesión: "Lo que tienen que hacer los gobernadores cuando dicen que sus senadores voten en una determinada dirección, porque de lo contrario no le dan plata, no es ir a los diarios: tienen que ir a la Justicia Federal a presentar una denuncia por extorsión".

Por si no se hubiera entendido, Verna reiteró: "Lo que tienen que hacer los gobernadores que lloran, en vez de llorar, es ir a la Justicia Federal. Lo que hizo mi gobernador fue discutir con los funcionarios y consiguió que le pagaran".

La polémica siguió otro poco más, e incluso participó el jefe del bloque del Frente para la Victoria, Miguel Pichetto, en defensa de la posición de Verna, por haber sido "coherente en sus posiciones" desde el mes de diciembre al momento de asumir.

Cuando terminó la sesión, el oficialismo había perdido el humor para celebrar un triunfo claro: 41 a 29 es un resultado excelente para el Senado en estos tiempos de paridad extrema. Había construido su mejor victoria en varios meses, pero salía del recinto en medio de sospechas y acusaciones.

Quedó claro que con el enfrentamiento entre los dos senadores que hasta ayer habían compartido el espacio opositor, será difícil volver a recomponer algún acuerdo entre estos sectores políticos, diversos en sus orígenes, que habían logrado convivir y potenciarse en los últimos meses.

La oposición siempre tuvo dificultades por la disparidad de origen de sus dirigentes y ahora deberá enfrentar también los problemas creados por la confrontación, las sospechas y las acusaciones directas.

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