Familiares y allegados de Yamila González protagonizaron diferentes disturbios al considerar escasa que la pena de 4 años aplicada sobre Barrios. El fiscal Oscar Deniro fue repudiado. Galería de imágenes
Es que luego de que el fiscal Oscar Deniro alegara que las pruebas no eran suficientes como para hablar de un homicidio por dolo eventual y cambiara su carátula a homicidio culposo, las esperanzas de ver a Barrios tras las rejas comenzaron a desvanecerse.
Por eso era de esperar. La sentencia debía ser lo que el imaginario popular esperaba o seguramente se producirían incidentes. Y así fue.
Apenas “La Hiena” Barrios llegó a tribunales se produjo el primer incidente. Uno de sus custodios, el mismo que se enfrentó con Jorge “Locomotora” Castro, golpeó la cámara de Crónica TV mientras registraba la entrada del púgil por la alcaidía.
Después, ya en la sala, apenas Barrios entró como siempre se tapó el rostro para no ser alcanzado por las cámaras. Entonces llovieron los insultos. Rata, hijo de puta, cobarde, poco hombre y más… De poco sirvió la advertencia del Tribunal para el público. De poco sirvió decirles que serían desalojados si no se comportaban.
La indignación pudo más. Apenas escucharon que eran cuatro los años que le daban a “La Hiena” no quisieron escuchar más. “¿Cuatro años le van a dar a este hijo de puta?”, dijo un chico al que se lo notó visiblemente consternado toda la audiencia. Entre llantos, se paró y comenzó a increpar al boxeador. Fue la chispa que encendió la llama. Seguido a él otros familiares y allegados a la familia de Yamila González comenzaron a gritar que era injusto el fallo. Los insultos se repetían con dos destinos: el Tribunal y el imputado. “¿Para eso les pagamos el sueldo?” gritó una mujer en referencia a los funcionarios públicos que intervinieron en el debate.
El personal policial que estaba dentro de la sala, encargados de la seguridad del recinto, intentó que la cosa no llegara a mayores. Pidió por favor calma, y que cada uno volviera a su lugar para poder continuar con la lectura del fallo. Pero los ánimos estaban lejos de poder calmarse. La impotencia y la angustia gobernaban los rostros y las actitudes del público, que aún no sabían que “La Hiena” iría preso.
El desconcierto, la falta de conocimiento sobre el derecho, la necesidad de que se entablen penas que intenten reparar lo irreparable, el fogoneo mediático sobre la causa, la desinformación que hubo sobre el caso. Muchos son los elementos que jugaron para que se produjeran esas reacciones. Quizás, sólo entendibles desde el dolor de la pérdida.
En medio de ello, Graciela Morales, incólume, con la misma dignidad que mostró durante todo el debate, con la misma entereza, con el mismo respeto, pedía calma. Ella, quizás la que cargaba con el mayor dolor, pedía calma y contenía lo inevitable.
La audiencia pudo reanudarse. Pero los incidentes siguieron en el hall de Tribunales. Forcejeos entre las personas que fueron desalojadas y la policía se repitieron en la puerta de la sala hasta que las personas decidieron bajar y ubicarse en la planta baja.
Allí esperaron que todo terminara. Allí esperaban que salieran los actores del juicio. Para abrazar a la madre de la joven Yamila. Pero también para repudiar a quienes ellos entienden que actuaron mal. El blanco más buscado: el doctor Oscar Deniro, representante del Ministerio Público Fiscal.
Deniro agredido
La luneta trasera del Citröen C4 estalló en medio de la turba que lo acosaba. Adentro del auto Oscar Deniro y sus ayudantes buscaban salir del playón de estacionamiento del edificio de Tribunales. Pero no podían. La gente se le ponía delante. No lo dejaban avanzar. Bolsas de basura, cajas, palos y piedras llovían sobre el auto. La escena parecía distenderse. Y en eso estalló el vidrio. Deniro reaccionó y bajó del auto. La actitud del fiscal generó más insultos.
-Detengan al que me rompió el vidrio.
Ordenó a la policía que intentaba contener a la muchedumbre con efectivos del Grupo de Apoyo Departamental muñidos de escudos antidisturbios.
El repudio al fiscal había comenzado antes. Ya en la sala lo habían insultado. Por eso se esperaba que saliera cuando ya todos se hubieran ido de Tribunales. Pero no. Cuando aún los ánimos estaban caldeados, Deniro salió caminando acompañado por sus ayudantes. Subió al auto y ahí se le fueron encima. Primero fueron insultos. Después golpes a la chapa. Hasta que llegaron las piedras y las bolsas de basura.
Mientras intentaba salir, Deniro habló con la prensa: “Está dentro de los parámetros” dijo respecto a la sentencia.
Un cordón policial sirvió de salvoconducto para que el letrado pudiera irse. Así, se desvanecía una escena más de una tarde-noche de furia.
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