Durante gran parte de la jornada protestaron en San Martín y Belgrano

Algo más de treinta personas que se venían desarrollando como Ayudas Económicas en la gestión de Alicia Lemme y cuyos contratos fueron dejado sin efecto por el intendente Enrique Ponce, protestaron durante la jornada de ayer frente a las puertas del municipio capitalino, con quema de cubiertas incluido.
En su campaña electoral, Ponce prometió trabajo y hasta ahora no consiguió más que desempleo de los más humildes, sin importar para quién trabajaron durante las campañas electorales.

El secretario de Gobierno Municipal, Julio César Fagés, quien salió a dar la cara a la prensa -en lugar de hacerlo Ponce-, dijo que “las designaciones de estas personas fueron políticas y electorales”. Esta frase, por lo menos triste, está dicha desde la posición de alguien que lleva comida -y en forma suculenta por su sueldo mensual- a su mesa, sin siquiera ‘bajar’ a la posición de quienes reclaman, simples trabajadores, que apenas si pueden llevar centavos a sus hogares y que siempre son los rehenes de los malos políticos y sus malas acciones.

Tal el caso -como muestra solo hace falta un botón- de una de las mujeres que protestaba, quien aseguró ser madre de cinco hijos, uno de ellos discapacitados y acá llega la pregunta del millón para los funcionarios municipales: ¿De qué nombramiento político electoralista le pueden hablar a una humilde mujer madre de cinco hijos y uno de ellos discapacitados? Ante este caso puntual ¿Fagés no siente un poquito de pudor por sus palabras? ¿No son, al menos, declaraciones desubicadas?

El burro siempre detrás del carro

Fagés también señaló que van a estudiar caso por caso, lo que lo coloca en un lugar, al menos, de insensible, puesto que en casos como estos, donde se está dejando sin el pan a familias humildes, primero se debería haber estudiado caso por caso y luego determinar si se los daba de baja o no, porque habría que ver si los funcionarios municipales soportarían estar uno o dos meses sin cobrar sus suculentos ingresos, y a partir de allí pensar qué pasa en estas familias humildes cuando no tienen qué llevar a su mesa tras días o meses sin trabajo.

Otra de las desgraciadas apreciaciones de Fagés, fue el admitir que “por la sensibilidad del intendente” se les entregó comida a los despedidos “para que puedan paliar la situación” y vienen otras preguntas del millón: ¿No pensó Fagés que esto lejos de ‘paliar’ lo que hace es generar más odio? ¿Qué haría él, si lo echan y le dan un bolsón de comida para ‘paliar’ su situación en su hogar? ¿No sabrá Fagés -y también la ‘sensibilidad del intendente’- que esta gente necesita trabajo, no un bolsón de comida? En la campaña, Ponce ¿Prometió trabajo o despidos? ¿O en la intimidad repetirá la tristemente famosa frase del patilludo innombrable cuando dijo “si llegaba a decir lo que iba a hacer en mi gobierno, nadie me votaba, por eso tuve que mentir en la campaña”?

El silencio muchas veces no es salud(able)

Si bien lleva muy poco tiempo en el sillón que antes ocupó su padre, lejos está Ponce de seguir el dicho de que toda escoba nueva barre bien. Y si con lo que está haciendo estos dos meses, es lo que va a “barrer” su “escoba”, la cosa no promete demasiado.

Quizá una de las peores facetas que ha mostrado hasta ahora, y ayer lo repitió, es el silencio ante los casos “complicados”.

Ya este medio denunció la maniobra cuasi corrupta de “absorber” los empleados que quedaron sin trabajo en el Diario La Ciudad, y “contratarlos” en Prensa Municipal. La maniobra en cuestión, fue una especie de “devolución de favores” a su amigo Rodolfo Negri, quien lejos de aclarar la situación, solo se dedicó a amenazar a quienes hacemos Periodistas en la red.

En ese momento, Ponce no dijo esta boca es mía, se mantuvo en silencio como dejando pasar el tiempo y que se curen las heridas. En esta oportunidad, tampoco dio la cara, envió a Fagés en su lugar. Es evidente que Ponce no quiere, no puede o no sabe enfrentar los problemas y opta por el silencio, que si ya se patentizó a escasos dos meses de su asunción, no se puede esperar mucho más de ahora en más.

Lejos está quedando el intendente que iba a dar trabajo. Lejos está quedando el intendente que prometió una gestión transparente. Lejos quedó el intendente que prometió una buena relación con la prensa. Y mucho más lejos está quedando el intendente que prometió trabajo y viviendas; y ya comenzó con despidos y de las viviendas ni siquiera se sabe dónde van a hacerse.

¿De quién es la culpa?

Desde el municipio, se apuraron por distribuir imágenes de una reunión que mantuvieron, por la tarde, los despedidos con la presidente del Concejo Deliberante de San Luis, Zulema Rodríguez Saá, para tildar de “política” la protesta.

Si bien es una realidad esa reunión, ¿Podría haberse esperado otra cosa? Obviamente que el oficialismo provincial va a intentar sacar provecho de cada descontento que aparezca en el municipio capitalino, no hace falta ser Mambrú ni ir a la guerra, para saberlo. Es parte del folclore político de nuestra provincia y de cualquier parte del mundo.

Pero más allá de este cuestionamiento del oficialismo municipal, la pregunta cae solita por descarte ¿Podría haber existido esa reunión si en lugar de echar y luego estudiar caso por caso, se hubieran puesto a estudiar concienzudamente quién era ñoqui y quién no? Porque aquí, el fondo de la cuestión debería pasar por quién trabaja y quién no lo hace, y no para qué partido trabajó en la campaña el humilde y rehén trabajador.

Durante la campaña, Alicia Lemme hizo lo mismo con un grupo de trabajadores porque habían colaborado en las pintadas de Ponce y éste puso el grito en el cielo y con justa razón. ¿Ahora puede hacer él, lo que le criticó duramente a Lemme?

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