El duhaldismo quiere cambios pero no sabe cómo

El duhaldismo quiere cambios pero no sabe cómo
Con Duhalde como bandera, el viejo sistema de lealtades bonaerense promueve diferenciarse del oficialismo y encarnar un cambio. La metáfora es Lanús, dividido detrás de cinco candidatos a Intendente. Lo que beneficiaría a su moderador, Jorge Villaverde, sin uno para enfrentar a los K en Almirante Brown.
Eduardo Duhalde acaricia la idea de llegar a las internas del peronismo federal como el dirigente mejor posicionado para convertirse en candidato presidencial del espacio y disputar, casi sin dudas, con Néstor Kirchner las elecciones del 2011. Un plan en el que podría colaborar el sistema de internas abiertas introducido por el oficialismo en la ley que regula la vida de los partidos políticos y que terminó de decidirlo a no competir por dentro del PJ.

Las modificaciones a esa norma podría, incluso, redituarle un beneficio impensado: el veterano caudillo puntea entre los dirigentes del sector que expresaron su vocación de tomar parte en la puja donde su nombre serviría, también, para disimular la carencia de candidatos locales capaces de arrastrar votos por sí solo. Una situación excepcional que no alcanzaría a ningún otro en territorio bonaerense, principal distrito electoral.

Su reciente visita a Santa Fe y la piadosa mano tendida al jefe del Gobierno porteño, Mauricio Macri, se encaminan en esa dirección. Establecer la certeza que la oferta electoral al voto de centro derecha no aparezca fragmentada. Ese programa de acción reconoce el límite que las encuestas le marcan a Duhalde: perforar el duro techo que le impone a su expectativa una intención de voto que sería útil solo si el oficialismo no logra vencer en primera vuelta.

Hipótesis en la que deposita su expectativa todo el arco opositor y es a la que dedica significativo esfuerzo el kirchnerismo en su afán de disipar la probabilidad que se convierta en una profecía auto cumplida. En el medio de esas variables, la actividad desplegada por el duhaldismo para alcanzar su meta transcurre dentro de una modesta repercusión que desde allí se le imputa a un presunto cerrojo sobre un sector de la prensa que habrían dispuesto los K.

Inercia noticiosa sacudida hace unas semanas por dos viejos lugartenientes, Antonio Arcuri y Jorge Villaverde, articuladores de la Tercera Sección Electoral que promueven unificar criterios entre dirigentes de Lanús tras la desaparición de Manolo Quindimil, síntesis por ahora sin reemplazo de una confederación de intereses. Casi una metáfora de un modelo de conducción por caudillos que, según parece, no admite sustitutos.

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