La venta ambulante sin control genera situaciones increíbles en los espacios públicos. Aquí le presentamos una puja de “churreros” que terminó con patoteadas y amenazas.
Sin llegar a tener una estructura mafiosa, hay pequeños grupos liderados por personas que imponen la ley del más fuerte y hasta deciden quiénes pueden trabajar cerca suyo y quienes deben buscarse otro lugar.
En el balneario en cuestión ocurrió un hecho realmente singular. Un hombre que se dedica a la venta de churros amenazó con golpear a otro vendedor del mismo rubro que tenía intenciones de ganarse unos pesos aprovechando la gran concurrencia que tiene este lugar en estos días de tanto calor.
Una mujer que fue testigo del “apriete”, se encargó públicamente a través de las radios de relatar los hechos que tuvieron lugar delante de decenas de personas que se habían acercado al río Limay.
Dijo esta mujer que el hombre, al que apodan “El Riojano” no tuvo ningún reparo en amenazar al competidor churrero.
Le dijo que él era “dueño del balneario” y que además regenteaba otros espacios públicos, como la Feria del Trueque y algunas esquinas donde habitualmente se instalan puestos de venta ambulante.
Pese a que hay una ordenanza que prohíbe claramente la venta de alimentos en la vía pública, el hombre –acompañado- por otras dos personas, remató sus advertencias con la amenaza de prenderle fuego el auto si volvía a verlo en el lugar.
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