Juan Gabriel Mariotto quebró la frágil tregua pactada con Scioli para criticar el encuentro que mantuvo con Mauricio Macri, promotor indirecto de un duelo de retratos con mejor rédito para el gobernador por las dificultades del oficialismo para procesar situaciones de crisis como las que provoca los alcances del supuesto entendimiento que tendría con la Presidente
Aunque se trate de un ejercicio de percepción solo apto para observadores muy entrenados, lo cierto es que el duelo de retratos con el que se batieron Daniel Scioli y Juan Gabriel Mariotto hace unos días, deja un saldo provisorio a favor del gobernador quien aprovechó la refriega para dejar, días después, algunos títulos más inquietantes que las frases ampulosas con que se solazaron sus entrevistadores.
“Para mí el gobierno es la Presidente” fue acaso la más significativa pese a ser pronunciada como al pasar, en un reportaje veraniego de temperaturas altas que se hicieron sentir especialmente en el circuito oficialista por la escasez de agua y luz y de relación directa con la política de subsidios seguida en los últimos años para mantener inusualmente bajas las tarifas y el alto consumo pero estancadas la inversión en infraestructura.
Desde el gobierno bonaerense se evitó aludir a la confrontación de imágenes desatada por Scioli apenas resolvió participar de un encuentro de fútbol de salón con Mauricio Macri. Una justa deportiva que, en las impresiones básicas que persiguen los publicistas con sus campañas, lograría transmitir un clima de concordia que no caracteriza al oficialismo, ganado por sus figuras más ortodoxas como viene ocurriéndole cada vez que enfrenta obstáculos de difícil elusión.
Funcionarios provinciales aceptaron, sin embargo, que fue el gobernador quien resolvió promover la trifulca que le sirvió, al menos de momento, para reposicionarse como interlocutor válido con el gobierno nacional. Meta con la que compite con su propio vicegobernador, quien suele terminar esclavo de sus palabras, articuladas para dar forma a un discurso confrontativo en exceso.
Para el núcleo más duro del oficialismo no se trata de un problema semántico que desnude una presunta incapacidad de elaborar matices sino de una cuestión estratégica: Mariotto podría resultar el principal damnificado de los supuestos acuerdos celebrados entre su superior y la Presidente, quien en apariencias aplicaría sobre este asunto la misma regla de absoluto hermetismo puesta en práctica desde la desaparición de su antecesor y esposo, Néstor Kirchner.
Plan
Aunque en su entorno se rechaza hablar de una planificación ajustada, lo cierto es que el encuentro de Scioli con Macri, coincidió con el inicio del período de licencia que tomó la Presidente para someterse a la operación de tiroides. El oficialismo halló seria dificultades en su ausencia para absorber el impacto negativo y el malestar que causó en sus filas la difusión de esa foto y demoró varias horas en articular una respuesta que llegó con la reunión que compartieron Amado Boudou y Mariotto en el Banco Nación al caer la tarde y bajo una excusa formal poco original: analizar “la problemática bonaerense”
El vicepresidente a cargo del Ejecutivo resultó el más perjudicado por un retrato que el vicegobernador persiguió largamente y que tuvo a Scioli por beneficiario indirecto. Boudou mantiene contactos frecuentes con los intendentes del Conurbano sobre los que siembra intrigas Mariotto en la cima del poder y donde habría logrado instalar dudas sobre la fidelidad al oficialismo de algunos de los nuevos jefes políticos del Conurbano.
Le preocupa especialmente el vínculo que mantiene con Martín Insaurralde, con quien se entrevistó a fines de la semana que pasó para evaluar el resultado del plan de traslado de diez mil puestos ambulantes del predio denominado “La Salada.” El intendente de Lomas y el vicepresidente cultivan un vínculo político y personal desde que fueron presentados por Néstor Kirchner.
El éxito del operativo que articuló con el gobierno nacional y el bonaerense en la Sur del Riachuelo es evaluado por sus colaboradores como la base de recuperación de protagonismo político de Lomas de Zamora. El distrito más poblado de la Provincia después del de La Matanza.
Esa bifurcación de la representación oficialista en la Provincia es sospechada por Scioli como una doble puerta para captar la voluntad de intendentes, por un lado, y de sus detractores por el otro pero con el único fin de vaciar su interlocución con el peronismo bonaerense y condicionar así su candidatura presidencial, dejándola sin otro sustento que los acuerdos que pueda tejer con el poder K.
La instantánea distribuida por la secretaría de Comunicación Pública de la Presidencia fue sin duda la mejor noticia que pudo haber recibido a Scioli: en el micromundo de la política habría borrado de un solo click cualquier diferencia entre ambos fronteras adentro del oficialismo.
La reacción desproporcionada en el universo K ante el encuentro de Scioli y Macri, se explica por la desconfianza que ambos le despiertan. Al jefe del gobierno porteño se le atribuye la potencialidad de sacar provecho de las eventuales deserciones que podrían sobrevenir en el peronismo bonaerense si no se consigue persuadir a la opinión pública de que el plan de ajuste es algo más que eso.
La cantera de creativos oficialistas no ha podido avanzar demasiado en un terreno donde el líder del PRO optó por una táctica bien diferente. Adelantar los aumentos de tarifas sobre las líneas de subte que les transfirió el gobierno y pagar el desgaste de imagen por el reajuste una sola vez. Esas políticas de shock no terminan de convencer al Ejecutivo y acaso explique las idas y venidas sobre las versiones de incrementos en trenes y boletos de colectivos que se suscitaron la semana que pasó.
Palabras clave
Habilitado por la reedición del clima de entredichos con su segundo, Scioli halló el espacio para dialogar con los diarios “Clarín” y “La Nación” que, en ese orden y seguidos por “Perfil”, son los que irritan a menudo la sensible dermis del kirchnerismo al contacto de sus dirigentes con la prensa. Fuera de las frases ampulosas de ocasión para eludir referirse al estado de esa relación institucional, el gobernador dejó algunas definiciones mucho más interesantes.
Dos de ellas parecen aludir de forma indirecta al encuentro entre Boudou y Mariotto pero también al jugueteo inquietante que despierta en el kirchnerismo los alcances del supuesto acuerdo que habría anudado con la Presidente para darse garantías de acceder a la candidatura presidencial: “Soy leal pero no obsecuente y Cristina lo sabe” y “Para mí el gobierno es la Presidente”
De existir, el entendimiento seria inevitablemente una dificultad para el vicegobernador y el vicepresidente, embarcados en una carrera por la sucesión que dirigentes del PJ bonaerense y del nacional ya estiman literalmente indetenible. Entre los del peronismo provincial algunos van más lejos y creen que la reaparición de Mariotto junto a Scioli en Mar del Plata la semana que pasó, entrañaría una revisión de sus últimos pasos.
Recomiendan incluso, releer con atención las palabras que pronunció en la inauguración de una muestra en tributo a Kirchner en el Hotel Provincial, el diputado Fernando “Chino” Navarro. De estrecho vínculo con el gobernador, lo que le acarrea especulaciones en su contra de la corriente “La Cámpora” aliada al vicegobernador, el líder de Movimiento Evita subrayó que “todos deben aportar al proyecto nacional que necesita de unidad.” Mensaje de sensatez del legislador provincial que acaso termine por convertirse en una de las palabras claves del oficialismo en el mediano plazo.







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