Lagarde y Merkel, las caras de dos recetas opuestas para salir de la crisis.
La jefa del FMI , la francesa Christine Lagarde, está en curso de colisión con la canciller alemana, Angela Merkel, lo que representa una prueba para la relación inusualmente cercana entre ambas líderes, ya que tienen posiciones encontradas sobre la cantidad de dinero que se necesita para proteger a las economías vulnerables y sobre el modo de recaudarlo.
Lagarde dice que Europa necesita por lo menos 1 billón de dólares en fondos de emergencia, y está presionando a los europeos para que hagan una contribución mucho más contundente antes de comprometerse a recaudar más dinero entre los países miembros del FMI. Lagarde ha tenido que trabajar mucho para convencer a Merkel, que está atada de pies y manos por el electorado de su país, que se opone terminantemente a comprometer más fondos para el rescate de países vecinos.
A pesar de que las negociaciones muchas veces se tensan, tanto colegas como allegados destacan la calidez y la buena química entre ambas líderes, que trasciende las diferencias políticas. Se tutean, intercambian frecuentes mensajes de texto, y poco después de Navidad, Lagarde le regaló a Merkel un accesorio del diseñador Hermès y recibió una grabación de la Filarmónica de Berlín interpretando a Beethoven de parte de Merkel.
"Hay muchos foros en los que somos las únicas mujeres", dijo Lagarde. "Entonces se produce un reconocimiento mutuo, una complicidad, una solidaridad."
Más allá de toda esa simpatía personal, las dos dirigentes se han convertido en las caras visibles de dos filosofías enfrentadas respecto del modo de resolver la crisis de deuda que castiga a Europa y amenaza la estabilidad financiera del mundo.
Sus visiones opuestas podrían ser fruto de sus experiencias formativas. En la secundaria, Merkel viajó desde Alemania Oriental hasta Moscú para participar de un concurso de idioma ruso; Lagarde asistió a una prominente escuela de mujeres en Washington.
Lagarde, a quien en su Francia nativa apodaron "la norteamericana", ha dado su apoyo explícito a que los países ricos de Europa apliquen políticas de estímulo al crecimiento para ayudar a sus vecinos más endeudados. Lagarde también viene presionado para que Europa aumente exponencialmente sus fondos de salvaguardia para disuadir los ataques de especuladores.
Desde que encabeza el FMI, y en franco contraste con sus declaraciones públicas mientras ocupaba su cargo anterior como ministra de Finanzas de Francia, Lagarde ha fustigado a Europa por hacer demasiado poco y demasiado tarde, y por no enfocarse en estimular el crecimiento.
Merkel ha argumentado que los problemas actuales de muchos países europeos se deben en primer lugar a los gobiernos dispendiosos, y afirma que la estabilidad llega a través de la austeridad. Según su punto de vista, un cuantioso fondo de salvaguardia solo les daría a los países como Grecia una falsa sensación de seguridad y una excusa para no aplicar a fondo las medidas que se les exigen.
Las profundas diferencias entre ambas líderes quedaron de relieve en enero, cuando Lagarde dio un discurso ante el Consejo de Relaciones Exteriores alemán, en Berlín, en el que exigió que Alemania redoblara sus esfuerzos para salvar al mundo "de otra década de 1930". Lagarde cerró su alocución citando un verso del poeta alemán J. W. Goethe: "No alcanza con saber, debemos empeñarnos. No alcanza con querer, debemos hacer".
Su discurso saltó a las tapas de los diarios de todo el mundo como muestra de que la disputa soterrada salía a la luz. Sin embargo, Lagarde había llegado a Berlín un día antes con una copia de su discurso en la mano para que Merkel lo leyera. Lagarde también le entregó a Merkel una vela de azahares del perfumista francés Fragonard. La vela representaba "la esperanza", dijo Lagarde.
Lagarde, de 56 años, y Merkel, de 57, parecen estar en las antípodas: por un lado una francesa glamorosa enfundada en Chanel, y por el otro una alemana realista e introvertida, que recientemente fue fotografiada haciendo las compras con el mismo traje que tenía puesto esa mañana, al firmar el nuevo pacto fiscal europeo.
Lagarde "es una de esas planificadoras políticas a las que Merkel estaría dispuesta a escuchar", dijo un funcionario francés que trabajó con ella. "Confían la una en la otra, aunque existan diferencias."
Los analistas señalan que la austeridad exigida por Merkel ha sido durante mucho tiempo la receta del FMI, y que las duras palabras de Lagarde podrían ayudar a Merkel a venderles a sus compatriotas esas medidas tan impopulares. "Sospecho que estas dos señoras están mucho más de acuerdo de lo que parece", dijo Stephan Richter, del Centro de Investigaciones Globales.
Las voces críticas afirman que los años que ha llevado llegar a un consenso sobre el modo de encarar la crisis, el perjuicio para la confianza del mundo de los negocios, los mercados financieros y el crecimiento económico ha sido innecesariamente alto. La esperanza de una solución duradera para la crisis de la deuda descansaría en la habilidad de estas dos amigas para zanjar las diferencias antes de que los problemas crónicos de Europa vuelvan a recrudecer.


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