Iván Noboa es un constructor que disfruta de una mañana soleada sentado frente al Palacio Arzobispal de la plaza de la Independencia, en el casco histórico de Quito.
Esas mismas dudas fueron expresadas por los principales editorialistas en los diarios del domingo. Martín Pallares de El Comercio dice: “Lo único que hubo fue una bochornosa e injustificable insubordinación de policías… Pero la intención de derrocar al Presidente no se expresó en ningún momento”. Y Emilio Palacios de El Universo escribió: “Extraños golpistas estos que creyeron que podrían tomar el poder sin ningún oficial al frente, encerrándose en sus cuarteles, quemando llantas, sin tanques ni aviones, sin emitir ninguna proclama, sin convocar a los poderes fácticos y a la población a que los apoyen… Extraños secuestradores que lo dejaron redactar y firmar durante su cautiverio el decreto que sirvió para que los reprimieran”.
Otros comparan la situación con el supuesto intento de golpe contra Hugo Chávez en 2002, en el que se exageró la situación para hacerla pasar como una vasta conspiración de sus adversarios locales y extranjeros. El periodista Brian Nelson, que investigó los hechos y escribió el libro “El silencio y el escorpión” (uno de “los grandes libros del año”, según The Economist ) logró demostrar que no hubo ningún intento de magnicidio como decía Chávez. Lo que se le critica a Correa es el haberse arriesgado a enfrentar personalmente a los policías furiosos, haber permanecido en el hospital demasiadas horas sin intentar salir y no haber controlado una situación que terminó con 10 muertos y casi 200 heridos.


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