Dudas sobre el proceso policial

Las sospechas que recaen sobre Matías Sebastián Faría (20 años) por la muerte de su hermano Walter Faría (24) fueron sumando elementos que lo confirman como el autor, pero la audiencia de debate puso en dudas el proceso de la investigación policial que produjo las "declaraciones espontáneas" del imputado y que generó el hallazgo del arma homicida.
Incluso uno de los jueces, en relación a la forma en que fue llevado uno de los testigos a la comisaría, le sugirió que debería educarse para que no sean "avasallados sus derechos".

La simplicidad del caso, un "homicidio simple", pone a Matías Faría como al acusado porque en medio de una pelea con su cuñado, según mencionaron varios testigos, apuñaló a su hermano mayor que se interpuso en un intento para terminar la discusión. Sin embargo, la posible violación de los derechos de defensa que tienen todos los ciudadanos puede influir en la condena y terminar incluso en una investigación hacia el interior de las fuerzas policiales.

La defensa de Faría, que lleva a cabo María José Gianinetto, apuntó a esclarecer las circunstancias en que fue hallado el cuchillo, que es una prueba importante en la causa y que ayer fue mostrado a varios de los testigos para su reconocimiento.

La indagatoria fue bastante incisiva en torno a los motivos que llevaron a realizar el allanamiento: por qué regresaron al domicilio de Martín Pintos cuando el primer operativo fue negativo, si las expresiones de Faría fueron espontáneas y cómo se dio el diálogo entre Pintos y Faría cuando ya estaban dentro de la comisaría.

Otro de las interrogantes mencionadas en más de una oportunidad fue acerca de quiénes eran sospechosos para la policía antes de que Hugo Machado mencionara al "Pipi", que es el seudónimo del acusado.

El cuchillo.

Ayer prestó declaración Humberto Pérez, un jornalero de González Moreno con el cual Matías Faría, su cuñado Hugo Machado y un vecino de apellido Mazeo habían compartido un asado el 3 de octubre.

El cuchillo fue sustraído de la casa de Pérez, en la localidad bonaerense, ese mismo día y luego fue usado para apuñalar por la espalda a Walter Faría. Este hombre fue el primer civil que declaró en el debate.

También estuvo Rubén Orellano, un joven que vive a pocas cuadras del lugar del hecho y que vio a Faría correr por la calle, asustado, en la madrugada del 4 de octubre. Orellano vio el cuchillo que llevaba entre sus ropas Faría, pero se negó a ayudarlo escondiendo el arma o dándole refugio.

Fruto de la casualidad estuvo en la casa que fue allanada, porque allí estaba su novia, y al día siguiente en el barrio pudo hablar con Milagros Reyes. La adolescente era entonces novia de Matías Faría y aparentemente presenció la discusión en la cual se cometió el homicidio.

Luego ingresó a la sala de audiencias Martín Pintos, el propietario de la vivienda donde se realizó el allanamiento y donde se encontró el cuchillo. El joven es vecino de Orellano, y cuando la policía llegó por primera vez a su domicilio él no sabía qué estaba ocurriendo.

Según su relato, Orellano le contó más tarde que había visto a Faría y que podía estar implicado en el homicidio. Luego, una patrulla regresó a buscar a Pintos a su casa y los efectivos le seguían pidiendo que les diga dónde estaba el cuchillo. "Me apretaban para que hablara", comentó.

Cuando estaba a la comisaría lo escoltaron por el pasillo y, antes de llegar al lugar donde el imputado ya estaba detenido, los oficiales le sugerían que averiguara dónde estaba el arma porque sino "iba a quedar pegado".

Pintos aseguró que fue dejado de forma intencional en el mismo recinto donde estaba Faría, que en ese momento lloraba tirado sobre un colchón. Cuando estuvieron solos, el acusado le dijo que tenía que buscar en un caño de desagüe que está en la vereda de su vivienda.

Con esa información, Pintos fue trasladado nuevamente hasta su casa y allí, sin presencia de autoridades judiciales, encontraron junto a varios policías el cuchillo, que estaba envuelto en una bolsa y papeles. Pintos quedó libre y luego firmó una declaración que, según testificó, no leyó.

Sugestivo.

La presencia de las autoridades judiciales, como el juez de control Diego Ambrogetti y la fiscala Ana Laura Ruffini, acompañó el proceso después de la medianoche del 3 de octubre de 2011, cuando se dio a conocer el hecho hasta que atraparon a Faría, después de las 2.30. Permanecieron hasta que se concretó el allanamiento y finalizaron las pericias en la casa del barrio Indios Ranqueles a las 4 horas. Una fuente judicial confirmó que se retiraron cerca de las 6, pero el hallazgo del cuchillo se concretó a las 6.40. Por lo tanto, recién fue notificado a la Justicia el hallazgo poco antes que se formalizara la investigación.

La desprolijidad con la que actuó la policía y la sugestiva forma en que se encontró el arma homicida, cuando ya no había autoridades judiciales para fiscalizar el procedimiento puede generar a futuro un pedido de nulidad de lo actuado por parte de la defensa. Además, la fuente precisó que se han violado derechos elementales que cualquier persona tiene en su defensa.

Los testimonios policiales concluyeron ayer, a menos que alguna de las partes disponga lo contrario, fueron entrevistados 10 empleados de la Comisaría Segunda y el jefe de la delegación. Por tribunales ya pasaron 13 testigos y se espera la declaración de Milagros Reyes, ex novia del imputado, que por ser menor de edad no testificará de la misma manera que el resto de los citados.

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