El fracaso electoral del PJ en las provinciales, la irrupción de Bofill en el escenario electoral con el logro de casi 50.000 votos, y el triunfo de ECO de la mano de los provinciales conforman el telón de fondo de las escaramuzas que comienzan a verse de cara a la madre de todas las batallas que será la disputa por 2013.
Cierto es que a la fecha no hay números puestos en ninguno de los dos grandes frentes. En el justicialismo podría sí hablarse de candidato natural en lo que hace al intendente de la Capital, Camau Espínola, aunque el peronismo sigue siendo un laberinto donde priman las contradicciones y las disputas, antes que la racionalidad y los consensos superadores.
Juega a favor de Camau su cercanía con el poder nacional, entendiéndose por él no sólo la fina sintonía con la Presidente, que lo adoptó como delfín, sino con la no menos importante Gobernación bonaerense.
Pesa además su condición de recién llegado, lo que lo deja al margen de las históricas divisiones internas y de la comprobada imposibilidad de los dirigentes de la vieja política peronista de encolumnar tras sí al conjunto del partido.
Y el hecho de haber recuperado el principal bastión electoral de la Provincia para el peronismo es sin duda una carta de presentación que hace a la legitimación de su aptitud electoral, en tiempos en que el electorado se orienta por las caras nuevas, que hablan de consenso, de diálogo, y que le sacan el cuerpo a la confrontación; lo cual sumado al hecho de provenir -como Bofill- de otras disciplinas, lo posiciona como una figura que genera expectativas.
En la alianza gobernante, el principal socio del radicalismo le quitó a Ricardo el carácter de candidato natural al hacer saber que el liberalismo aspira a la alternancia, y por ende a ser la cabeza de la oferta electoral de ECO.
Entra a jugar, entonces, la decantación que con el tiempo se dará puertas adentro de ECO, en lo cual influirá de manera determinante la evolución de la situación interna del peronismo, para ver si éste es capaz de nuclearse en una sola candidatura o, por el contrario, se vuelve a dar la diáspora que históricamente se dio.
Un justicialismo fortalecido que contenga a los distintos sectores abroquelaría, por necesidad, a las fuerzas de ECO, a la vez que le daría a los partidos provinciales que lo integran, la llave de la candidatura mayor puesto que ellos serán los que inclinen la balanza en un sentido u en otro.
¿Y BOFILL?
El más popular de los chamameceros ya ha dicho y ha ratificado que se anota para la pelea de 2013.
Lo suyo tomará color si el justicialismo no logra contener a todo el peronismo, siendo probable que gran parte del voto peronista recale en la oferta electoral que encabece el loretano, un justicialista de cuna que en la última elección arañó los 50.000 votos, sin estructura y sin medios.
¿Y CASSANI?
El exponente del liberalismo es, a no dudar, el candidato natural del Partido de Torrent. La propia Presidente del Partido lo ha reafirmado claramente en las últimas horas, y Cassani se ha encargado de jerarquizar la responsabilidad de la conductora partidaria al dejar en sus manos la interlocución de los celestes frente al Gobierno para acordar, o no, la cobertura del Ministerio de Justicia, una posición que a esta altura no desvela precisamente a los liberales. Los que creyeron ver diferencias en las últimas semanas dentro del escenario liberal se equivocaron. Josefina y "Perucho" son conscientes de que no tienen destino por separado, y que la unión del liberalismo, como del espectro de los provinciales depende antes que nada de la ratificación de la sociedad sin fisuras que han venido mostrando la "Dama de Hierro" y su sucesor.
Los liberales, como punta de lanza de los provinciales, terminarán condicionando su pertenencia a ECO a la obtención de la candidatura mayor, reservando al radicalismo la Vicegobernación.
Si no lo logran podrían aspirar, si las circunstancias se dieran, a la Gobernación pero no descartarían secundar al justicialismo si es que éste supera las graves diferencias internas que viene mostrando, o definitivamente apuntalaría de manera decisiva la candidatura de Mario Bofill que, con un peronismo dividido y los provinciales encolumnados tras él, pasaría a ser el favorito quizás porque tras él haya también un guiño de la Casa Rosada, siempre atenta a las cambiantes realidades del justicialismo local.


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