Drogas: insisten en la aplicación de una currícula sobre prevención

Por cosas del destino, Bruno y Nicolás fallecieron, con pocas horas de diferencia, a causa de un mismo mal: la adicción a las drogas. Uno en pleno barrio Norte de Buenos Aires y el otro en una céntrica barriada de Corrientes Capital, Libertad. Sus padres sienten la obligación de cumplir con un legado: evitar que más chicos mueran.

Héctor Molina es oriundo de Buenos Aires y es padre de Nicolás, un joven de 23 años que falleció en octubre del 2011 por sobredosis de cocaína en uno de los 33 prostíbulos en pleno Recoleta, barrio Norte, entre Santa Fe y Cerrito. Gabriela Pucciarello vive en Corrientes Capital y es la madre de Bruno, el chico de 17 años que tomo la drástica decisión de quitarse la vida por tener serios problemas con las drogas. Ambos acontecimientos tuvieron muy pocas horas de diferencia pero el detonante fue el mismo: la adicción a sustancias peligrosas.

Ambos con total gallardía accedieron a contar sus dolorosas historias a época. Entre sollozos y culpas compartidas insistieron en que la prevención -en adicciones- se debe dar desde los primeros años en la escuela.

Héctor Molina fue el primero en contar su experiencia. Ante la pregunta de cómo comenzó el calvario para la familia, él respondió:

Lo mío empieza como con todos los papás que están en esto, te cae de golpe. No tenemos una previa para darnos cuenta de lo que está ocurriendo, porque no los educamos, no los criamos para esto; uno -como padre- inculcó otra cosa y surgen las preguntas de por qué a mí pero también, por qué no a mí.

Según Héctor, la lucha contra el flagelo se enfoca mal. “Estamos enfocando la lucha contra el narcotráfico, contra las drogas pero no vamos a ganar. Es una lucha perdida de antemano porque quienes están en este negocio son muy poderosos yo creo que ese esfuerzo, esos recursos, ese dinero se tiene que utilizar para prevención. Hoy en día para prevención los presupuestos son muy bajos”. El hombre que trabaja en prevención de adicciones en el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires esgrimió, además: “Como los efectos se ven a lo largo del tiempo, no se destina mucho para ello. Políticamente da más resultados decir se secuestraron 500 kilos de cocaína, 300 dosis de paco. Además, hoy en día la ley que indica que la prevención figure como materia en las escuelas data del año '87 y nunca se aplicó”.

A su turno, Gabriela, ya con una voz entrecortada y lágrimas en los ojos, dijo: “Yo creo que debe ser una currícula en todas las escuelas del país, cómo no vas a tener prevención cuando las drogas nos están matando a los chicos, todos los días están muriendo chicos”.

Ambos padres fueron invitados por la agrupación local de Madres contra el Paco para contar su historia en el Centro Cultural de San Luis del Palmar, donde se realizó una jornada de sensibilización y concientización denominada “El impacto de las drogas en nuestra comunidad”. Según Sonia López, el encuentro contó con cerca de 170 personas de toda la comunidad sanluiseña. La localidad se movilizó ante la creciente existencia de droga en la zona. Hasta el jefe comunal participó de la Jornada manifestando su compromiso para evitar este creciente flagelo.

¿Sirven las jornadas y encuentros de sensibilización?

Héctor: Sí sirven pero no hay que individualizarlos. Ojala que sólo sea el caso de Gabriela o mío pero hay miles de Gabrielas atrás, hay mil Héctor detrás, hay mil Brunos, mil Nicolás. Donde muere mi hijo, es un lugar en el que hay 33 prostíbulos que todo el mundo ve, en plena Recoleta, barrio Norte de Buenos Aires, y la Policía no sabe que están esos 33 lugares; el tema es que los lugares estén pero que los chicos no tengan necesidad de ir a consumir, es decir, que les demos las herramientas para que no lo hagan.

Nicolás comenzó a consumir de grande, a los 23 años, y no pudo parar. Hizo tratamiento por tres años, estaba en la facultad; cursaba con muy buenas notas la carrera de Comercio Exterior, tenía un gimnasio pero no pudo contra el flagelo.

¿Se puede salir del mundo de las drogas?

Héctor: “Se ve que es algo donde vos nunca te podes confiar, bajaste los brazos y nunca podes decir acá termino. Yo creo que lo agarró esa noche con la guardia baja, entonces no tuvo las herramientas que le habían dado por tantos años, el adicto es adicto toda su vida”, dijo con los ojos llenos de lágrimas Héctor.

Gabriela: “No se recupera, el adicto no se recupera, se rehabilita, pero sólo por un tiempo. Mi hijo también estuvo internado, hizo primero ambulatorio en un hospital de día, con psicólogos y después terminó internado en una clínica de rehabilitación excelente que yo creo que eso a Bruno lo ayudó a tomar la decisión que tomó, no pudo ver cómo se defraudó, cómo nos defraudaba a nosotros. Se despidió de todos, me dejó los mejores recuerdos porque salió de la clínica y estuvo tres meses con nosotros tratando de organizar de nuevo nuestra vida, yo no bajé nunca la guardia porque Bruno era muy chico; seguíamos el tratamiento en casa al pie de la letra y él lo cumplía pero evidentemente no aguantó”.

Bruno tenía 17 años y empezó a consumir a los 14. No estaba más de tres horas en la calle, no iba al boliche, no salía, estudiaba, trabajaba con su padre. Dos días antes se despidió y no pudo luchar contra la adicción.

Al recordar el momento en que Bruno tomó la drástica decisión de quitarse la vida, Gabriela esbozó un cruel sentimiento de culpa: “Cómo no me di cuenta porque estudié tanto de esto; estaba pendiente todo el tiempo como era la ojera, la cara, las actitudes, todo, todo y cómo no me di cuenta”. A esto, Héctor, unido a su dolor, dijo: “No nos podemos clavar puñales, no se entiende, no hay una fórmula”.

En medio de un largo silencio Gabriela recordó: “Bruno venía despidiéndose desde hace dos días”, a lo que Héctor agregó, luego de una discusión por una internación Nicolás me dijo: “Papá yo vivo en un infierno, vos hablás porque no sabés”.

“Cómo querés que no tomen una determinación de este tipo si tienen eso en el alma; nosotros lo sufrimos, lo vivimos pero no estamos en el cuerpo de ellos; no deben poder con Nico, no me quedó ningún rencor, no me culpo, yo no lo culpo a él, cada uno hizo lo que pudo, él pudo hasta ahí”, aseveró Héctor.

Gabriela contó que Bruno estuvo un año y 5 meses sin consumir. “A mí nunca me dijo nada. No entiendo cómo pudo tomar esta determinación, yo quiero saber qué le pasó ese día, yo quiero ir, preguntarle y volver, quiero saber qué lo llevó a hacer lo que hizo”.

Héctor confesó: “Yo fui al lugar donde él murió, peleé, pregunté, es impresionante no conocer los detalles, esta una enfermedad que no sabés cómo reaccionar”.

En una terapia de grupo con la familia de Bruno, la psicóloga le preguntó qué quería de la vida y él – recuerda su madre – “lo único que quiero es que mis padres no sufran, tener una novia que me quiera y poder decirle que no a la droga”.

¿Qué se aprende del antes y el después?

Héctor: “Yo admiro la entereza de las mamás. De ir solas, de no importarles nada, la mamá lucha antes, durante y sigue su lucha después. Las madres tienen un plus que no tenemos nosotros, los hombres. Nosotros hacemos marchas todos los miércoles en Buenos Aires en contra de la despenalización en Plaza de Mayo y en Plaza de Congreso. El único varón soy yo y tengo un vínculo tan lindo con cada una de las mamás”.

Gabriela: “Muchas veces una dice ya se terminó mi lucha, si mi hijo no está para qué sigo, nuestros hijos nos dejan un legado y la seguimos peleando. Te indigna tanto la falta de ayuda, la falta de compromiso. A él le daba vergüenza lo que yo hacía, salía lo buscaba por las noches en las villas, golpeaba puertas a la madrugada pero yo lo hago porque me da tanta bronca que nadie haga nada.

Héctor: “La lucha es desigual, no vamos a hacer que desaparezca la droga, tienen que desaparecer los adictos”.

Gabriela: “Todos los días se muere un chico acá o en el país o en el mundo de sobredosis, porque lo mataron o porque mató a alguien”.

Héctor: Todo el mundo se rasga las vestiduras para hablar de la inseguridad. Al adicto para consumir lo único que le importa es consumir, no le importa cómo está enfermo, no es un delincuente, no es un jodido, no es un hdp…, es un tipo enfermo que necesita consumir y va a ir a robar para consumir. Roban consumidos y drogados; todo el día muere alguien a consecuencia de la droga, sea adicto o no.

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