El drama de Haití, a seis meses del sismo

A pesar de la masiva movilización internacional, el país está aún muy lejos de iniciar la reconstrucción
PUERTO PRINCIPE.- Cientos de familias desplazadas viven en peligro permanente en una única hilera de chozas endebles e improvisadas, instaladas a lo largo de la banquina divisoria de la transitadísima ruta costera llamada Route des Rails.

Los autos circulan noche y día, haciendo sonar sus bocinas, levantando polvo y escupiendo carbono. Los residentes intentan protegerse colocando llantas como barreras de contención frente a sus casillas, pero los autos impactan, de todas formas, contra ellas, los hieren y, a veces, los matan.

Seis meses después del terremoto que atrajo la atención y la ayuda humanitaria mundial, el campamento rutero se convirtió en parte del paisaje poscatástrofe, de la miseria que persiste en Haití. Sólo 28.000 haitianos del millón y medio de desplazados han sido trasladados a nuevos hogares, y el área de Puerto Príncipe sigue siendo una postal de la vida entre las ruinas: campamentos descuidados y precarios, ciudades-carpa levantadas con letrinas, duchas y clínicas, barrios sembrados de escombros... Y aquí y allá, flamantes refugios o terrenos preparados para una ciudad futura.

Abrumado por las complejidades logísticas, como el retiro de escombros y la identificación de sitios seguros para reubicar a los desplazados, el gobierno ha sido lento para adoptar las difíciles decisiones necesarias para pasar del estado de emergencia a un período de recuperación.

En otros casos, el gobierno se ha hecho cargo, pero ha quedado desbordado. Desde principios de mayo, el presidente René Préval se ha concentrado personalmente en hacer retornar a alrededor de 11.600 haitianos que acampaban frente al Palacio Nacional al barrio del Fuerte Nacional. Pero aunque el Fuerte Nacional es ahora una colmena de actividades de limpieza, todavía no se han construido allí los refugios transitorios.

En contraste, la Agencia Adventista, que trabaja directamente con un alcalde del distrito de Carrefour, en el área metropolitana de Puerto Príncipe, ya ha trasladado a más de 500 familias desde una gran ciudad-carpa a sencillas casas de pino, cuyos cimientos de hormigón fueron construidos con escombros reciclados.

Los funcionarios haitianos y de la ONU piden paciencia después de lo que consideran el mayor desastre urbano de la era moderna. Destacan los logros conseguidos a la hora de suministrar alimento, agua y refugios de emergencia, lo que ha evitado la hambruna, el éxodo y la violencia. "Lo que hay que destacar es lo que no ha ocurrido", dijo Nigel Fisher, representante especial del secretario general de las Naciones Unidas en Haití. "No hemos tenido ninguna epidemia importante."

Esto es un pobre consuelo para los residentes en la banquina central de la Route des Rails. Desde el terremoto, los que quedaron desplazados se han instalado en los lugares más inadecuados: sobre un basurero municipal, dentro de un cementerio, al costado de una cancha de fútbol inundada de agua contaminada...

Pero el campamento de la banquina central demuestra claramente lo miserable de estos asentamientos. Cada día, miles de automovilistas pasan junto a las misérrimas chozas de esta ruta costera. Un par de docenas de residentes han sido gravemente heridos por los autos. Llevan yesos y cabestrillos.

Por lo menos tres han muerto, entre ellos el padre de un bebe nacido en la banquina central, la noche siguiente al terremoto. El nombre del bebe es Katastrof Natirèl? Catástrofe Natural.

Además, la remoción de los escombros, un problema de 500 millones de dólares que aún espera solución, ha demostrado ser especialmente difícil. Los expertos dicen que llevaría entre 3 y 5 años retirar todos los escombros de Haití si hubiera 1000 o más camiones trabajando diariamente; en este momento, hay menos de 300 camiones destinados a cargar escombros.

Durante los dos meses posteriores al terremoto, arquitectos y planificadores de Haití trabajaron en Petionville preparando el plan de acción y evaluación poscatástrofe necesario para conseguir ayuda financiera para la reconstrucción de Haití.

Sus sueños eran grandiosos. Imaginaron la Haití de 2030 como una tierra autosuficiente, democráticamente estable, descentralizada y reforestada, con vivienda y educación digna para todos, una red vial nacional, con industria frutícola, ganadera y zonas turísticas e industriales.

En una conferencia realizada en Nueva York el 31 de marzo, los donantes prometieron US$ 5300 millones. Dos semanas más tarde, el Parlamento aprobó la creación de una comisión de reconstrucción encabezada por el ex presidente Bill Clinton y Max Bellerive, primer ministro haitiano. Insumió dos meses más la selección de sus 26 miembros, y la búsqueda de su director ejecutivo aún está en curso. La comisión se reunió por primera y única vez a mediados de junio.

Eventualmente, se construirán viviendas permanentes en alguno de unos cuantos lugares que el gobierno está expropiando con la esperanza de convertirlos en nuevos centros poblacionales. Uno de esos sitios es Corail-Cesselesse, 15 kilómetros al norte de Puerto Príncipe, donde se instaló la primera ciudad-carpa.

Varios residentes se mostraron dispuestos a tolerar la remota ubicación, porque el hecho de vivir allí les permite aspirar a las viviendas permanentes prometidas.

"Miren ese espacio", dijo el albañil Jean-Mérite Pierre, señalando el terreno vacío. "Por más que estemos desarraigados, la vida aquí podría ser mejor. Casi todos éramos inquilinos. Aquí tal vez algún día seamos dueños de una casa. Eso es lo que nos dicen."

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