El drama que no se va con el agua

Luego de la tormenta que castigó a la región, cientos de personas seguían refugiadas ayer en los centros de evacuación a la espera de que el agua ceda. Allí confluían las realidades de muchos barrios golpeados tanto por el fenómeno climático como por la falta de soluciones, que hacen de las inundaciones un problema crónico.
Caras de tristeza, bolsas con unas pocas ropas -las que se alcanzó a sacar- apiladas al lado de colchones tirados en el piso. A unos metros, un grupo de nenes juega sin saber bien qué es lo que pasó y lo que pasa; más cerca, sus padres narran un drama que suele resurgir con cada lluvia fuerte, aunque esta vez lo hizo con fuerza, porque el agua fue rápida y voraz.

“Perdimos casi todo, otra vez. Tengo una angustia… cada tormenta es tener el corazón en la boca. Hasta la ropa perdimos, todo, ahora hay que volver a empezar, otra vez”, resumió Miriam, una de las vecinas que hasta el cierre de esta edición permanecía ayer en el centro de evacuados que se montó en el Parque Municipal Eva Perón, de Lomas de Zamora, donde otros tanto, como ella, se albergaban por la inundación que los obligó a dejar sus hogares tras las fuertes lluvias del lunes a la madrugada.

La tormenta castigó muy fuerte a la región y las consecuencias fueron severas: hasta ayer a la tarde, en Esteban Echeverría quedaban alrededor de 150 personas evacuadas, que se sumaban a los 100 en Lanús, y una cifra similar el Lomas de Zamora, hasta donde llegó ayer por la mañana el Gobernador Daniel Scioli, acompañado del titular del Consejo Provincial de Emergencias (ver nota adjunta).

Las autoridades comunales de Lomas de Zamora organizaron el Parque de Lomas uno de los centros de evacuación del distrito. Allí, decenas de familias recibieron ropa, comida y tuvieron un lugar donde pasar las horas hasta que el agua comenzó a bajar y paulatinamente, algunos, pudieron volver a sus hogares.

El barrio Nueva Esperanza es una aglomeración de viviendas humildes que sigue el curso serpenteante y oscuro del Riachuelo en Lomas de Zamora.

Ahí vivió Mirna hasta el lunes, cuando la inundación la sacó de su casa.

“Perdimos casi todo por la inundación, la ropa está toda mojada, las camas también. Es un desastre, está todo mojado”, le contó la mujer a Info Región.

El lunes, el nivel del agua en el barrio le tapaba las rodillas. No es la primera vez que tiene que dejar Nueva Esperanza por las inundaciones.

“Que vayan a ver el barrio, como están esas casas”, pedía, mientras en sus brazos, una bebe de aproximadamente un año se agitaba fastidiosa.

Ana es vecina de Mirna y también llego al Parque de Lomas luego de que la tempestad, que dejó miles de evacuados a lo largo de todo el Conurbano, inundara el barrio.

“Nada. En este barrio, nada, muchas promesas pero hasta ahora, nada –se quejó- Si alguien nos quiera ayudar sería lindo…”, deslizó en diálogo con este medio, y pensó algunos segundos para rematar la idea: “Algo”, en oposición a la nada con la que Ana define al abandono que, al igual que el agua, sumerge al la cuadra donde vive y a las que la rodean.

La desconfianza de Ana se repite en Nancy, una mujer del barrio Juan Domingo Perón que, acompañada de sus tres hijos, esperaba volver a su casa: “No confío en los políticos porque nuestro barrio es un desastre”, se quejó.

“Mi casa está en una parte alta del barrio, pero por temor a que suba el agua mas tarde nos vinimos”, explicó.

Hasta ayer, hacía dos días que Miriam estaba en el gimnasio. Dejó Budge “porque fue la peor parte” de la inundación.

“Perdí ropa, mi heladera, toda mi pieza está inundada”. En esa pieza vive con su hijo de 2 años y su nena de 7 años, asmática.

“Quiero dejar el barrio porque mi hija estuvo 5 veces internada por el asma y no quiero volver al mismo lugar, a la misma humedad”, remarcó.

En Lanús, los 100 evacuados de Monte Chingolo fueron distribuidos en seis unidades barriales de participación en las que las familias, además de contar con un techo y un lugar seco, tuvieron comida y ropa. En los barrios que hasta el cierre de esta edición no tenían luz, como Chingolo, Caraza, Pampa y Villa Jardín, la gente deberá esperar a que se sequen las paredes para volver a tener electricidad y volver a sus casas.

Espiritual y material

Lo cierto es que las marcas de la tormenta quedan en el ánimo, pero también en las paredes. En Monte Chingolo, en algunas viviendas el agua alcanzó más de medio metro de altura.

“E triste ver como queda todo cuando el agua se aleja. No se termina cuando el agua se va. Ahora viene lo peor, limpiar, ver arruinados tus muebles, las paredes, la pintura, es muy triste, es muy triste”, lamentó Margarita, una vecina de esa zona, en diálogo con este medio.

En el Barrio Ferroviario de Banfield Oeste, la situación y la sensación que se vive es similar.

“Estamos destrozados. Yo no quiero ni entrar a mi pieza. El piso de madera se me va a levantar todo, el olor a la humedad es insoportable. No me quiero imaginar como está la gente que la pasó peor. Acá hubo inundaciones, pero como esta hace tiempo que no había”, lamentó Osvaldo Cáceres, otro de los vecinos afectados.

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