Son 150 de un total de 300, que atesoraban las hermanas Castellano Fotheringham. Y tienen gran valor. Se pueden ver a 3 cuadras del Congreso.
Las salas están ambientadas como una casa de muñecas para presentar la muestra “Había una vez... muñecas y juguetes”. Abren el recorrido las China Dolls , con sus cabezas y extremidades de porcelana esmaltada cosidas a cuerpos de tela. “Con la apertura de estas salas, la Ciudad gana un nuevo espacio de valor patrimonial, con una muestra que emociona a los más grandes, despierta curiosidad en los chicos y abre la oferta cultural de estas vacaciones de invierno”, subraya el ministro de Cultura porteño, Hernán Lombardi.
La más antigua es una Montanari, una muñeca de cera con ojos de cristal. Las hacían en Inglaterra entre 1855 y 1860. Siguen las Fashion Dolls , de 1870, fabricadas en Francia. Representan mujeres esbeltas, con rostros de porcelana. Las niñas solían coserles ropa. También las usaban las casas de moda como modelos en miniatura. “Tienen todo el cuerpo y hasta las manos hechas en cabritilla”, se entusiasman las hermanas.
“Empezamos cuando éramos chicas, por amor a las muñecas. Hace 50 años nadie las valoraba y no sabíamos que algún día podían tener mucho valor. Las fuimos heredando o las conseguimos en remates o en ferias, como en los primeros tiempos de la de San Telmo”, relata María. Y aclara: “La gente puede pensar que tenemos una fortuna, pero no. Yo soy ceramista y mi hermana estudió Bellas Artes y se jubiló como profesora de dibujo”. Las dos son solteras y no tienen hijos. “Si los hubiésemos tenido, jamás podríamos haber comprado todas estas muñecas”, bromea Mabel.
También hay en exhibición muñecas de 1880 a 1890, cuando comenzaron a representar niñas de 2 a 6 años, con las que sus dueñas se podían identificar. Las favoritas de las Castellano son las de la fábrica de Pierre Jumeau. “Tienen ojos de vidrio muy expresivos”, explica María. Otro sector está dedicado a las muñecos alemanes de principios del siglo XX, cuando por influencia del psicoanálisis empezaron a representar bebés, que pasaron a ser los hijos de las niñas.
Las Castellano llaman la atención sobre la Bleuette , que desde 1905 se entregaba con la suscripción a una revista infantil. Se le podían comprar ropa y muebles. En la Argentina, Alicia Larguía tomó la idea y le encargó a una firma alemana la fabricación de la muñeca Marilú, que se promocionaba a través de revista Billiken.
Una curiosidad son los muñecos Lenci, con sus expresiones logradas en paño. “Hay uno vestido con el uniforme fascista que Mussolini le exigía a los escolares”, señala Mabel. María muestra otra muñeca: “Es la princesa Elizabeth, hoy reina, y la hicieron en Inglaterra cuando cumplió 6 años”. La muestra cierra con las Shirley Temple. “Con ésta jugaba cuando era chica, y confieso que me quedé con un par. Nos daba pena venderlas. Quisimos donarlas para que todos las vean. Además, acá las podemos visitar”, dice María. Su hermana Mabel asiente: “Nos las intentaron comprar dos veces . Tengo tengo 91 años. ¿Qué íbamos a hacer nosotras con tanta plata a nuestra edad? Preferimos que nuestra colección se quede en la Argentina”.

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