Peñarol inauguró su microestadio en la sede social, ylo bautizó con el nombre de su gran mentor, el actual presidente Domingo Robles.
En una primera etapa fue desmantelado por completo el antiguo gimnasio, incluyendo aros, tribunas, piso y utilería. Luego se dio paso a la quita total del techo para poder derribar las paredes y ganar metros que permitieron orientar la cancha en sentido opuesto al original. Se interconectó el gimnasio con el local de venta de indumentaria de Peñarol que da a la calle Santiago del Estero y que se transformó en una de las entradas a la cancha. Por otra parte, el lugar generado en el resto de los locales permitirá nuevos espacios que se incorporarán al proyecto en el futuro.
La cancha, con capacidad para 580 espectadores sentados, se utiliza principalmente para la práctica de básquetbol de todas las categorías del club y eventualmente para entrenamientos del plantel profesional de la Liga Nacional. El flamante microestadio, que cuenta con un nuevo sistema de luminarias, permitirá que todas las inferiores del club puedan disfrutar de una cancha de primer nivel para entrenar y jugar sus partidos de competencias locales, provinciales y nacionales. También estará disponible para otro tipo de acontecimientos, como podría ser un festival de boxeo u otros, en los que podría llegar a albergar hasta 2.000 personas.
Con la obra casi terminada (faltan apenas algunos detalles), se llevó a cabo la inauguración formal en la que se anunció el cambio de nombre del nuevo espacio y se realizó un merecido reconocimiento al actual presidente Domingo Robles, al comunicarle ante una nutrida concurrencia que el nuevo microestadio llevará su nombre. La sede de Peñarol pasó a llamarse Américo Gutiérrez, una de las tribunas tomó el nombre de Ethel García (histórica jugadora y entrenadora del básquet femenino) y la otra el de Adolfo Uricuoli (otro histórico del básquet peñarolense). Además, la Sala de Video (con plasma incluido) se denominó Franco Castro López, jugador de la categoría U17 del club, asesinado en 2010, y el vestuario local lleva el nombre de Homero Rasch, basquetbolista surgido en Peñarol que falleció en un accidente automovilístico en 2001. En tanto, el vestuario visitante se llama Fernando “Oso” Pérez, en homenaje a otro histórico entrenador del minibásquet de Peñarol, que aún sigue realizando torneos internacionales para el club.
Más de 500 hinchas se acercaron al gimnasio en donde también los jugadores presentaron la indumentaria que el plantel utilizará en la Liga Nacional. Tras el agradecimiento a las autoridades presentes de la Provincia de Buenos Aires, comoel secretario de Deportes, Alejandro Rodríguez; Juan Manuel López Gómez, subsecretario provincial de Deportes Federados, y de la municipalidad local, con Marcelo Artime y el presidente de Honorable Concejo Deliberante Ariel Ciano, además del presidente del EMDeR, Horacio Taccone, se invitó a ingresar a los planteles de las 27 categorías que tiene Peñarol en su básquet formativo y que ocuparon más de media cancha. Los chicos fueron partícipes en el recibimiento a los jugadores, formando un cartel de agradecimiento por el último título de Liga.
El titular de Deportes, Alejandro Rodríguez, le entregó una plaqueta en nombre del gobernador Daniel Scioli a los cinco representantes olímpicos:Marcos Mata, Facundo Campazzo, Leo Gutiérrez, Martín Leiva y Sergio Hernández, quien formó parte del cuerpo técnico de Julio Lamas.
“Es un merecido homenaje que este estadio lleve el nombre del mejor dirigente deportivo de la argentina que es Domingo Robles”, manifestó el secretario Rodríguez.
A su turno, Leo Gutiérrez agradeció a la gente y los invitó a disfrutar de las instalaciones, de esa cancha que “se hizo con mucho esfuerzo y quedó hermosa”. Luego habló Sergio Hernández: “¡Cuántas cosas logra Peñarol por tener a Domingo Robles a la cabeza!”.
Es para destacar la actitud de progreso de estos dirigentes, que se lanzaron a la aventura de generar un nuevo espacio en la ciudad con la ilusión de ver crecer al club de sus amores, no sólo en la alta exigencia sino también en el corazón del barrio. Mediante el esfuerzo mancomunado de la comisión directiva, socios e hinchas, con la supervisión general del vicepresidente del club, el arquitecto Jorge Muzzio, Peñarol logró poner en pie en 18 meses un microestadio que es un verdadero lujo para el deporte de Mar del Plata, demostrando que no sólo se trabaja para el básquetbol de elite sino que también se piensa en la función social que cumple toda sede deportiva.
Un ejemplo
Hace pocos días, el presidente de la Asociación de Clubes de básquetbol, Eduardo Bazzi, aseguró en la conferencia de prensa que brindó antes del comienzo de la nueva temporada de Liga Nacional que “no se le puede exigir a los dirigentes que mejoren la infraestructura”, en una declaración que sonó más a una excusa por no ponerse al frente del creciente problema del mal estado de las canchas donde se juega el básquet profesional. En contrapartida, emerge la calidad de dirigente de Juan Ignacio “Pepe” Sánchez en Bahía Blanca, que estableció como prioridad reacondicionar el estadio a la hora de hacer uso del presupuesto. Mientras, Domingo Robles,que cuenta con el Polideportivo (el mejor escenario del país para jugar la Liga), decidió encarar la obra del gimnasio de la sede mostrando que sólo es cuestión de querer generar mejores condiciones para la práctica de nuestro deporte.
Nueva ilusión
Ya se puso en marcha la temporada 2012-2013 de la Liga Nacional de Básquetbol,en la que Peñarol intentará seguir siendo protagonista. Tras la concreción del histórico Tricampeonato, los jugadores reconocen que será difícil repetir. “Esta vez no prometimos nada”, advirtió la figura del equipo, Leo Gutiérrez, aunque su mentalidad es netamente ganadora.
Otros objetivos
Más allá de querer llegar lo más arriba posible en la competencia nacional, la dirigencia de Peñarol apunta este año a volver a meterse en la conversación a nivel internacional. Con dos títulos obtenidos en la Liga de las Américas y otros dos en el Torneo Interligas, el equipo “milrayitas” buscará ganar la Liga Sudamericana, la única copa que le falta.





Comentá la nota