Eduardo Sosa tenía 23 años y un nene de un año y medio. Hace dos años que se había dedicado al rubro de la construcción y se constituyó como único sostén de su floreciente familia. Ayer las personas más allegadas le dieron su último adiós a quien fuera uno de los 8 trabajadores que murieron en el derrumbe de calle San Martín al 600.
Ayer los familiares y seres queridos de las víctimas despidieron a los trabajadores. A las 11.30, los hermanos Acevedo fueron trasladados a Empedrado. Mientras que el cortejo que despidió a Valenzuela, lo acompañó hasta San Luis del Palmar, lugar de su último descanso.
A las 16.30, desde una funeraria ubicada por avenida Ferré, partió ayer el cortejo fúnebre que acompañó a Eduardo Sosa y a Ramón Za-carías hasta su morada final. Los restos del joven de 23 años fueron inhumados en el cementerio San Juan Bau-tista.
"No sabemos todavía qué vamos a hacer. Es todo muy reciente", expresó a El Litoral Daniel Sosa, padre del joven obrero fallecido, en referencia a la posibilidad de avanzar con una causa pe-nal. Vale señalar que la Fis-calía iría por estrago doloso, aunque aún se analizaban elementos de prueba.
El joven muerto, en tanto, descansará en un nicho recientemente inaugurado por la Municipalidad de Co-rrientes por calle Vedia, la cual, además, le cedió un colectivo de la línea 103 para trasladar a los seres queridos. La desazón y la indignación acompañaron las miradas de los presentes, la mayoría jóvenes, que se acercaron en más de una veintena de motocicletas hasta el campo santo.
El padre de la víctima fa-tal, por su parte, indicó que su hijo se encontraba en blanco, y que no había manifestado algún tipo de queja en torno a su trabajo. Dis-tinta fue la situación de otros familiares que expresaron su indignación.
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