Dolarización: entre el discurso oficial y los desajustes económicos

Por Alcadio Oña

Jamás un presidente del Banco Central o un ministro de Economía dirán que les preocupa la fuga de capitales o la suba del dólar paralelo. Por una razón tan sencilla como conocida: si lo hicieran, estarían reconociendo flancos débiles y así potenciarían ambos problemas, proyectándolos, encima, a otros espacios de la economía. Pero eso no barre con la posibilidad de que hacia adentro, en verdad, haya inquietudes .

Mercedes Marcó del Pont, la jefa del Central, desplegó el libreto previsible, la semana pasada. Dijo que el modelo “se banca” la salida de capitales y la describió como un movimiento “típico de todos los procesos electorales”. Pretensiones obvias: quiso transmitir fortaleza y desalentar esas movidas.

Las explicaciones de Marcó del Pont pueden ser ciertas. El punto es si lo son plenamente. O si, además de causas electorales, pesan expectativas y especulaciones que van más lejos .

Por lo pronto, existe una visible disociación entre la política cambiaria y el resto de las variables económicas. El gasto público, los salarios, la inflación y la cantidad de dinero en circulación, por citar algunas, crecen en torno o por arriba del 30 % . Contra un tipo de cambio que marcha al 5 % , quizás al 10 % hacia fines de año, como proyectaría el Gobierno.

Posiblemente, también gravite la sospecha de que en 2012 ya no habrá la abundancia de dólares de tiempos recientes. Desde el propio Ministerio de Economía empiezan a asomar señales de que, tras los comicios, saldrán a tomar deuda en el mercado internacional.

En un escenario así tendría lógica que “el mercado se anticipe” , según la definición de alguien que estuvo en el área económica.

Ya es comentario corriente, entre los analistas financieros, que la dolarización apareció antes de lo previsto . Se la esperaba más cerca de las elecciones, hacia agosto o setiembre, y no ahora.

Hay fondos de inversión que se deshacen de los pesos y buscan cómo posicionarse en la moneda norteamericana. El mecanismo más conocido se llama contado con liqui : comprar aquí un bono denominado en pesos que afuera tenga cotización en dólares y ejecutar rápidamente la transferencia, sin pasar por el circuito formal.

El problema surge cuando esas operaciones proliferan. Cuando, empujadas por las expectativas, unas alimentan a otras, se crea un círculo vicioso y la presión por las divisas aumenta. Justamente, lo que puede estar ocurriendo.

Y que tal cosa suceda aunque el costo del traspaso equivalga a un 8 %, también revela decisiones de seguir adelante con el giro de capitales. Significa pagar $ 4,45 por el dólar o considerar que ese precio no es caro .

En su medida, algo semejante al contado con liqui ocurre con los particulares, el chiquitaje , en la jerga de los cambistas. La noticia de que la gente está comprando, induce a comprar: “Hay sucursales bancarias muy activas”, dicen en las consultoras.

Desde el Gobierno meten controles por todas partes, a través del Banco Central, la Comisión de Valores, la AFIP y la UIF, el organismo encargado de vigilar el lavado de dinero: apuntan tanto a los grandes como a los chicos. Probablemente sean justificados. Pero a la vez pueden incentivar la dolarización , ante la eventualidad de restricciones más fuertes.

Es obvio que manejar el dólar no es un arte sencillo, así el BCRA disponga de un stock de US$ 52.000 millones. Algunos analistas opinan que la estrategia del apriete no es la mejor y que más efectivo sería vender y así pegarle un golpe a la especulación. O tomar deuda en el mercado internacional, por cifras no superiores a 2.000 o 3.000 millones, para acrecentar las señales de fortaleza.

Lo cierto es que si uno se guía por la información del mercado, la fuga de capitales parece algo más que un movimiento asociado al proceso electoral. Al menos, uno mayor al que muchos habían previsto en un principio.

Desde abril, el proceso se aceleró. Y, así, los cálculos preliminares hablan de aproximadamente US$ 10.000 millones en el primer semestre , cuando todavía faltan casi cuatro meses para las elecciones. Especulación, expectativas o lo que sea, el monto total podría estirarse arriba de US$ 16.000 millones en el año.

Aunque está muy por debajo de los US$ 23.000 de 2008, ese número supera a los US$ 11.400 millones de 2010. “Ni de lejos estamos ante un cuadro dramático, pero sí uno complejo ”, dice un especialista.

Según el mismo analista, no es un buen indicador que el problema esté en manos de demasiadas personas: Guillermo Moreno, Amado Boudou, Marcó del Pont y Juan Carlos Fábrega, presidente del Banco Nación y asesor habitual de Cristina Kirchner. Tampoco que, encima, haya cortocircuitos entre Boudou y Marcó del Pont.

Antes, dice, cuestiones semejantes eran manejadas por sólo dos y con buena sintonía entre sí: Néstor Kirchner y Martín Redrado. Se conocía de sobra, además, el cuidado –si se quiere el temor– que el ex presidente ponía en evitar cualquier turbulencia cambiaria .

Quizás pronto algún funcionario salga a denunciar un golpe del mercado o le apunte a otros. El punto es si el discurso logra torcer el rumbo de las cosas.

Habrá que esperar hasta después de las elecciones para saber si todo vira al color implícito en las palabras de Marcó del Pont. O si, llegado el momento, no será necesario atender los desequilibrios que tiene la economía . Le toque a quien le toque, y así nunca sea el ajuste que el kirchnerismo quiere hacer creer que aplicaría la oposición.

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