Docentes del Centro de Educadores Rurales del sur de la provincia de Córdoba -en el límite con La Pampa-, mostraron su preocupación porque se realizan pulverizaciones a escasos metros de las escuelas rurales donde los alumnos concurren a clases.
El producto que aplica la máquina cae sobre el techo de la escuela, sobre las casas donde viven las familias de los peones, sobre los árboles, y cuando llueve toda esa agua contaminada va a los aljibes. Esa gente no tiene red de agua potable en las casas", agregó.
La educadora preocupada por el medioambiente explicó que estudios científicos realizados recientemente en la zona determinaron que las napas freáticas tienen un elevado nivel de arsénico, flúor y otros componentes como nitratos y residuos de agroquímicos.
También el grupo de docentes expresó su preocupación por la mala calidad del agua que es utilizada por los niños, como así también por la forma en que están expuestos cuando las máquinas ejecutan las aplicaciones a escasos dos o tres metros de las escuelas.
Actis agregó que la "mayoría de las escuelas tienen aljibes para juntar agua y cuando llueve toda la contaminación que está sobre los techos ingresa al depósito. Ese agua tenemos que utilizar para la limpieza. Los chicos para el consumo traen de sus casas, pero también podría estar contaminada".
Remarcó que lo más grave es que los alumnos están expuestos en forma permanente a las fumigaciones. "He parado en más de una oportunidad a las fumigadoras que pasan al lado de los chicos que están en el patio a la hora del recreo", indicó.
Agravamiento.
Este problema se agrava día a día y con el incremento de la siembra de soja y maní ya que los trabajos de pulverizaciones son más intensos y cada vez con mayores dosis de productos tóxicos.
"Los padres y los niños que viven en los campos están expuestos en forma permanente a las pulverizaciones y no se toma conciencia que con el paso de los años estas situaciones ocasionan muchísimo daño a la salud", sostuvo.
"Las autoridades conocen todos estos temas, pero hasta el momento poco se ha hecho. Como ya existen algunas leyes que prohíben las pulverizaciones en cercanías de los pueblos, también deberían ser aplicadas para los colegios rurales", agregó.
"Estas situaciones no serán fáciles de resolver, pero lo más grave es que la gente todavía no tomó conciencia, ni tampoco las personas que trabajan con los equipos o manipulan los productos", dijo.
Basurales.
La docente entrevistada también se quejó porque al frente de algunas de estas escuelas rurales existen basureros a cielo abierto.
"Aquí no es necesario pertenecer a ninguna organización para cuidar el medioambiente, es responsabilidad de todos y tenemos que comprometernos. La tierra es el único lugar que tenemos para vivir y hay que cuidarla. La hemos tomado prestada de las generaciones futuras y nuestra obligación es dejarles un mundo mejor", concluyó Nélida Actis.
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