“El docente no se siente valorizado socialmente”

“El docente no se siente valorizado socialmente”
Lo dijo María Elena Marzolla, investigadora de la UNCo, en base a un trabajo que se hizo sobre 50 maestros de secundarios de Neuquén y Río Negro.
La mirada de los propios docentes sobre el nivel Medio fue el eje central de un trabajo que abordó María Elena Marzolla, investigadora y profesora de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Nacional del Comahue (UNCo). La vinculación con los alumnos, las barreras generacionales y tecnológicas, como así también la ausencia desde el punto de vista institucional de un espacio que canalice las problemáticas sociales que presentan algunos estudiantes, más allá de lo pedagógico, figuraron entre las principales preocupaciones.

Del estudio, realizado sobre 50 docentes de las escuelas públicas de Neuquén y Río Negro, se desprendió que éstos no se sienten valorizados socialmente y que el secundario aparece como el “patito feo” del proceso educativo.

¿Qué surge de este trabajo de investigación?

Creíamos que los docentes jóvenes eran los más cercanos a los alumnos, pero las respuestas fueron las mismas que los de más experiencia, no difieren en su esencia. Reciben grandes demandas del orden emocional y social de parte de los estudiantes y que éstos son desinteresados y desganados, así los ven. Otro tema que cruza son las tecnologías y las redes sociales, que la escuela no tiene incorporados en su metodología. El colegio sigue siendo el tradicional y no hay un espacio para las problemáticas afectivas y subjetivas que viven los jóvenes, no hay espacios pensados para eso, las escuelas arman instancias alternativas según la institución de manera informal.

¿Plantean que debe existir algo más institucional?

Cada docente aborda el tema como le parece y manifiesta que no tienen la formación para atender esto. Hace lo que puede en función de la problemática que se le presenta. En cuanto a las sanciones, por ejemplo, hay docentes que sancionan con amonestaciones y otros que tratan de mediar para que algunas conductas no se repitan, pero lo cierto es que el tema queda en manos del profesor.

¿Cómo se ve a sí mismo el docente?

El docente no se siente valorizado socialmente y la escuela media parece como el patito feo del ciclo institucional, el lugar más crítico de todo el proceso educativo. Plantean que les cuesta mucho expresarse y que la comunicación pasa por otro lado. Mientras los chicos están con las netbooks, los celulares, nosotros explicamos desde un pizarrón con la tiza y los tenemos sentados. Los chicos están más avanzados con la tecnología que los docentes y la institución no va de la mano con respecto a estas cuestiones.

El joven actual es diferente, hay un imaginario de que los adultos están más cerca de los jóvenes y no es así, vienen con una subjetividad distinta, la deserción hoy no es sólo por pobreza, hay chicos de clase media que no quieren ir más a la escuela y entonces los padres buscan la manera para que ese chico termine teniendo un título. No hay seguimiento de los que desertan, con números que son alarmantes. Hay que ver también qué se hace con los repitentes.

¿Cómo se hace frente a estas problemáticas?

Los docentes afirman que hacen lo que les parece, no hay normativas ni formación, y eso es lo que reclaman, instancias de discusión con equipos idóneos. Tener las herramientas para escuchar y trabajar las problemáticas. Lo que plantean es que el joven actual que aparece tan disperso, que enfrenta la autoridad, es a su vez un joven que tiene problemáticas sociales que los profesores no saben cómo atacar. Hay adicciones, embarazos adolescentes que se dan hasta en séptimo grado, ya ni siquiera en la secundaria.

Tenemos todo esto y una tecnología que dispersa a la forma tradicional con la que enseña la escuela. Los adolescentes actuales tienen otro formato, se les da clase con una estructura del siglo pasado a un joven que responde a otro estímulo y que necesita otra cosa. No podemos decir que la deserción es porque los jóvenes no entienden, no, son muy rápidos, pero hay un desencuentro generacional, que siempre lo hubo, pero que ahora es más fuerte de lo que creemos. Y, por supuesto, también hay miles de chicos que terminan el secundario y que después abandonan la universidad con un nivel de deserción en el primer cuatrimestre del 50 por ciento. Ahí sí vemos que no saben redactar, ni interpretar, ni resolver una regla de tres simple.

¿Dónde está la falla entonces?

Las instituciones están atrasadas, el sistema educativo es el que yo hice, una materia atrás de otra. Habrá que revisar los planes de estudio.

¿Y la responsabilidad del maestro?

Hay todo un tema con la problemática de la evaluación, que institucionalmente y socialmente se tiende a flexibilizar cada vez más.

El profesor enseña, un sector de los alumnos aprendió y otro no, después institucionalmente el proceso de evaluación -que es otro tema muy importante a estudiar -es en función de lo que se enseñó, de cómo se le está tomando y cómo se lo está haciendo aprobar.

El docente da sujeto y predicado pero hay que ver cómo llega ese adolescente a la escuela, quizá llegó sin dormir, por ejemplo.

No hay una sola causa y tampoco dos psicopedagogos pueden resolver esto.

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