Una docente rural recibió el premio “maestros de vida” de CTERA

Una docente rural recibió el premio “maestros de vida” de CTERA
Cristina Evangelista es una maestra rural que desde su lugar de trabajo, la Escuela Nº 35 “Granadero Basilio Bustos” del paraje Río Quinto, a escasos Km. de Villa Mercedes, fue nombrada “Maestra de vida”, distinción, que año a año, la Confederación de trabajadores de la educación de la República Argentina (CTERA), otorga a destacadas personalidades de nuestro país. En esta oportunidad, Cristina Evangelista recibió el premio que en realidad se le otorgara en el año 2011 pero al que no pudo asistir el año pasado.
Fiel a su estilo y sus principios, emocionada, Cristina recibió su distinción junto a Susana Trimaco. al ex combatiente de Malvinas Ernesto Alonso, Pepe Soriano, Mariano Ferreyra, Jorge Taiana, Estela Maldonado, entre otros. En su discurso de agradecimiento por la distinción puso en conocimiento a los presentes sobre la situación crítica y de abandono del sistema educativo y de los docentes en la provincia de San Luis.

Tatá, como la llaman sus amigos, es una maestra que arregla techos, poda el pasto, lucha con yararás, lleva a cabo un proyecto de salud preventiva con sus alumnos a los que traslada al Hospital de la Rivera para controles sanos, y visita y asiste a las familias de los mismos.

Nació en Río Cuarto, pero hizo su carrera en la entonces llamada Escuela Normal de Profesorados “Dr. Juan Llerena” en Villa Mercedes. Desde entonces ha ejercido en la provincia de San Luis, inclusive en el Hogar Escuela “Juan Domingo Perón”. Muchas son las anécdotas de esta mujer dedicada y de tesón, solidaria y defensora de la escuela pública y los derechos humanos.

Es una excelente narradora, se emociona cuando habla de sus alumnos. Ríe con franqueza y ternura cuando recuerda, por ejemplo, la interpretación libre del 25 de mayo que hicieran sus alumnos del hogar, que avanzaban sentados en sillas empujados por otros con una especie de espada en la mano al grito de “Vamos a matar realistas”, mientras “Cisneros” permanecía sentado en una silla arriba del escritorio agitando un pañuelo. No olvida que el “pueblo” estaba al pie del escritorio exigiendo al Cabildo “El pueblo quiere saber de qué se trata”, mientras una “mujer” embarazada pedía a Cisneros “Quiero pan para mi hijo”. O cuando estando en el patio de su actual escuela, la voz de uno de sus alumnitos le advirtió: “No te muevas, maestra, que tenés una yarará en las patas”, y fue socorrida por los mismos chicos que con una pala se deshicieron de la amenaza.

La escuelita tiene un cuarto donde está la dirección, dos aulas, una cocina y un pequeño salón donde se hacen los actos en invierno. Por el frente cruza la vía del tren. Por el costado izquierdo acosa un Chañaral desde donde se cuelan diversas alimañas, entre esas, las víboras.

La biblioteca es otro cuarto con libros a la que le faltan estantes para ubicarlos. Allí cada chico ha seleccionado y dejado en “montoncitos” los libros que eligieron para leer durante el año. “No sabés la ternura que me da cuando los veo con los libros”- dice emocionada. La escuela tiene algunos lugares donde se filtran las lluvias, pero los libros son mantenidos a salvo por todos, como si se tratara del Bien más preciado.

Cristina es por decisión propia maestra rural, pero no es la única, hay maestros y maestras de esta provincia abocados a la tarea de enseñar en los lugares más inhóspitos, que viajan kilómetros desde su lugar de residencia y cumplen además de su tarea educadora, una labor social importantísima para quienes viven alejados de las poblaciones más grandes. La tarea de los maestros rurales es esencial y poco valorada, se trata de una tarea que no termina en el horario escolar, se suele prolongar en guardias o muchas horas posteriores. Sirva este homenaje en la figura de Cristina Evangelista para todos los maestros rurales que aún esperan el reconocimiento que merece su labor.

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