Pablo Emilio Moncayo, secuestrado cuando tenía 18 años y uno de los dos más antiguos retenidos en poder de las FARC, se ha caracterizado durante los doce años que lleva cautivo por un inusual optimismo. Moncayo fue secuestrado el 21 de diciembre de 1997 cuando cumplía el servicio militar como cabo primero en una base de comunicaciones del Ejército en el cerro de Pastascoy, en el sureño departamento de Nariño.
"Hemos cruzado ríos de tres veces mi estatura, hemos probado toda clase de carnes: lapa, guagua, boruga; leo revistas National Geographic, juego ajedrez y voleibol, he aprendido a hacer hamacas y me he metido una engordada que ni cuento", señaló en forma de parodia sobre su dramática situación. El joven, que fue ascendido durante su cautiverio a sargento, pidió a su familia "no retroceder ni rendirse jamás", y les comunicó que si su amada no lo esperaba, no era problema porque "llegarán muchas más".
"Este papito no se ha varado, no se vara, ni se varará nunca por falta de nenas", les dijo, en un comentario marcado por la ironía. Tampoco faltó el humor en sus comunicaciones: "La bebida más alcohólica que he tomado es una cola y pola, hemos cruzado ríos infectados de H2O y luchamos contra el feroz ataque de los mosquitos".
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