Por Pablo Sirvén |A partir de ahora habrá que escuchar con más atención a Adrián Suar que a Paul Krugman. Cuando ya hace un tiempo el productor y actor dijo en Palabras más, palabras menos, por la "hegemónica" TN, que le veía pasta de actriz a la Presidenta, los militantes virtuales de las redes sociales salieron a comérselo crudo por irreverente.
Ayer la jefa del Estado inauguró a la distancia el pabellón argentino en la Bienal de Venecia y, cual Mirtha Legrand, soltó lo que deseaba su corazón, más allá de la inconveniencia política de decirlo ("Me hubiera gustado estar en Venecia y no en Villa Martelli; es muy linda Tecnópolis, pero bueno"). Con la misma franqueza, a un arquitecto al que le preguntó la edad, al saber que tenía 44, le respondió: "Ah, parecés más joven, no importa". Y ya con pocas pulgas apuró al canciller Héctor Timerman ("Cortá la cinta de una buena vez, si no la corto yo de acá"). Un "de acá" que, menos mal, no fue acompañado de la gestualidad de otro grande de la TV, Alberto Olmedo.
Definitivamente Cristina Kirchner se aleja de la experimentada oradora legislativa que supo ser y de la estadista que puede hablar durante tres horas asombrosamente sin papeles en las sesiones de apertura en el Congreso para mutar, con apropiados mohínes y tics, a novedosa animadora televisiva. No por casualidad, Susana Giménez no se decide a volver este año a la TV y la diva de los almuerzos se refugió en la actuación.
A falta de divas televisivas, CFK copa toda la parada en cada vez más frecuentes cadenas nacionales y teleconferencias. Pero así como se preparó para conquistar al 54% del electorado, tendrá que hacer un curso rápido de TV para ganar una audiencia que, por el momento, le resulta esquiva. También, para limar los bordes ásperos de su natural inexperiencia en estas nuevas lides que abraza con tanto entusiasmo.
Por cierto, lo más importante ya lo tiene: facilidad de palabra, ductilidad y buena impostación de la voz. Sabe cómo usar un oportuno crescendo para encender los aplausos, como una suerte de incipiente Tinelli (siguiendo con la analogía, el canciller Héctor Timerman sería un frágil boceto de Mariano Iúdica). Pero hace falta urgente un productor general, como el "Chato" Prada, y un productor de piso, como Federico Hoppe, que la contengan más y saquen mejor partido de las transmisiones presidenciales.
La mandataria no tenía por qué saber que es natural el retraso en la llegada de la señal desde otro continente. De haber tenido gente más experimentada manejando el aire, no habría repetido tantas veces la palabra "adelante" ni se hubiese superpuesto ansiosamente con otras voces. Y el sketch "¿Dónde está Macri?" habría tenido una mejor resolución. Mientras tanto, Suar ya puede ir pensando para 2015 (o 2019, quién sabe) la tira Sos mi suegra, con la estelar participación de "Ella"..




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