Socialistas, GEN, CTA disidente y Libres del Sur confluyeron en una alianza electoral que hizo ruido en Nación pero no en Provincia. El dilema de unir intereses que rozan lo antagónico para sobrevivir y crecer
Detrás de esa estrella naranja con fondo azul se esconden, agazapados, intereses que no tienen un lugar común y que en Buenos Aires chocan con frecuencia. El socialismo y el GEN, que vienen actuando desde hace tiempo como un solo bloque dentro de la Legislatura, sumaron desde agosto otros aliados al armado que tienen lazos distintos con el oficialismo.
Por un lado está el movimiento Libres del Sur, con un fuerte despliegue territorial y sin representación en las cámaras. El espacio, que tiene como principal referente en la provincia a Humberto Tumini y como figura excluyente a la diputada nacional Victoria Donda, se extiende a través de sus trabajos en el campo. Su militancia política está ligada a las tareas en los barrios, y su relación con el gobierno de Scioli y Cristina es tensa, pero no está quebrada.
De hecho, es en la estrategia de tire y afloje en donde mayores réditos encuentran, por lo que el rol de opositores férreos no es una táctica que les rinda, y lo saben. La idea de un FAP marcándoles la cancha a Scioli y Cristina atenta, indirectamente, su posibilidad de negociación. Sectores afines a ellos necesitan planes para poder seguir adelante, por ejemplo, en la financiación de comedores.
En la conducción del espacio la lectura que hacen es que sería poco inteligente prescindir de un sector con despliegue en las zonas más populares del Conurbano, aunque no saben cómo homogeneizar el discurso crítico que venían sosteniendo sin que afecte a los nuevos aliados.
Por otro lado, juega el sector gremial. La llegada de Víctor De Gennaro al armado implica tener una pata sindical. En este caso, la incógnita pasa por cómo aplacar y sumar a los sectores de la CTA que son afines al Gobierno. “Hasta ahora funciona desarticulado”, dice un diputado.



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