La disputa de cara a la renovación de cuatro espacios partidarios clave

Tras la debacle electoral de octubre, el radicalismo bonaerense comenzó en pleno enero a “calentar los motores” de cara a una pelea interna por la conducción del partido que aparece como el principal desafío político para este año, que arrancó con el centenario partido envuelto en variadas ofertas de otras fuerzas opositoras que amagan con avanzar a sus expensas.
Las disputas se concentran en torno a un calendario todavía sin precisiones, pero que prevé para junio la renovación de la conducción del Comité Provincia, los cuatro delegados bonaerenses al Comité Nacional, los delegados a la Convención Nacional (el 40% son bonaerenses) y los convencionales provinciales. El período de afiliaciones para esa batalla vence en julio y, si no hay modificaciones, las nuevas conducciones asumen en agosto.

Sobre esos datos básicos, en las mesas de arena que comienzan a proliferar entre los dirigentes radicales se van perfilando algunos sectores que seguramente protagonizarán la puja. Hoy por hoy, el que parece tener mayor fuerza, aunque más no sea porque enfrente aparecen dirigentes más o menos aislados, es el golpeado oficialismo alfonsinista, que tiene la conducción del comité a través del diputado nacional Miguel Bazze.

Cuestionados por la estrategia de aliarse con el denarvaísmo y también por la gestión concreta de ese pacto, los alfonsinistas tienen varios candidatos en carpeta: en principio, el propio Bazze, queno descartó presentarse y su par Carlos Pérez Gresia, secretario general del partido. Algunos observadores partidarios aseguran que no habría que eliminar de esa lista al propio Ricardo Alfonsín.

Enfrente de los alfonsinistas, que cimentaron su triunfo interno sobre el cobismo al ganar, el año pasado, el comité provincia, aparecen hoy dos intendentes: el de Junín, Mario Meoni y el ex de San Pedro, Mario Barbieri, apadrinado por el alcalde de Chivilcoy, Héctor Cachi Gutiérrez, que a su vez no termina de descartar del todo una postulación propia. Tanto Meoni como Gutiérrez fueron cobistas de la primera hora, pero se despegaron después.

El intendente de Junín, que, tal como informó DIB, envió esta semana a la senadora juninense Malena Baro a instalar su postulación a nivel provincial, no comanda hoy un grupo propio, pero ha mantenido sugestivos contactos con el macrismo a través del actual jefe de Gabinete porteño, Emilio Monzó, el exministro de Daniel Scioli que opera la construcción nacional de Mauricio Macri y tiene diálogo con varios radicales bonaerenses.

El espejo del “feeling” de ese sector con el PRO es replicado desde el alfonsinismo con coqueteos con el Frente Amplio Progresista (FAP), el armado que llevó a Hermes Binner de candidato presidencial, donde militan exradicales como Margarita Stolbizer, pero que fue rechazado por el propio Alfonsín como posible aliado de perfil progresista en octubre, en beneficio de la construcción de la hoy extinta Udeso con Francisco De Narváez.

En medio de esos tironeos, despuntan también otros nombres y sectores. Algunos miran a Gustavo Posse, el intendente de San Isidro, eterno candidato a todo por la UCR y serial rechazador de esas ofertas en beneficio de la tranquilidad política que se da su repliegue en un municipio que controla desde hace años. También hablan de Sandra Rioboó, aunque ella fue expulsada por rechazar la alianza con De Narváez.

Como agente libres, Leopoldo Moreau y Federico Storani, aunque de influencia muy mermada, vienen también sentando posición, a favor de una resolución que permita a la UCR retomar su histórico discurso “progresista”, de centro-izquierda. Con todo, estos dos dirigentes no han todavía avanzado en apoyos explícitos, una “pasividad” que, aseguran en varios campamentos internos, comenzará a abandonarse a partir de febrero.

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