Las limitaciones que el Estado ha impuesto están afectando a modistos y vendedores textiles.
“Cada año resulta más difícil producir. Me están cortando las alas con la materia prima”, se quejó el creador Laurencio Adot en una entrevista que le realizaron para Radio 10 (de Buenos Aires). Y este reclamo se generaliza en los miles de modistos de todo el país que realizan vestidos de novias y quinceañeras con telas importadas.
De los diferentes negocios céntricos que comercializan este tipo de materia prima confiaron que cada vez hay menos variedad y que la gente se queja porque las telas de fabricación nacional no tienen la misma calidad que las foráneas.
“La falta de stock nos afecta en todo sentido. Importadas se consiguen muy pocas y es algo que termina matando a la modista. Hace unos años se conseguían 100 clases de telas diferentes; hoy habrá unas 11 importadas en el mercado”, detalló el encargado de La Reina.
Dejar al cliente conforme
Además, los diseñadores dejaron bien en claro que sus clientes no terminan ahorrando dinero por utilizar telas nacionales, sino que al tratar de imitar una importada gastan más en manos de obra. Es decir, el vestido o traje termina costando lo mismo.
“El 90% de mi trabajo está realizado con importaciones. Antes podías encontrar en el mercado cerca de 20 tipos distintos de encajes de Francia y Suiza, ahora hay sólo cinco y el precio por metro ha pasado de costar $300 a costar $1.000”, comentó Tati Manríquez.
Y párrafo seguido agregó: “Para que el cliente no quede desilusionado ante esta situación le ofrecemos otros recursos. Por ejemplo, si una novia quería un tul bordado que acá no se consigue, terminamos bordándolo nosotros. Es decir, que es más trabajo para el diseñador y el cliente termina pagando la mano de obra como si hubiese comprado un paño en el extranjero”, aclaró Manríquez.
Alejandro Ferraro es otro de los diseñadores que utiliza materia prima de otros países y se lamentó porque la infraestructura nacional de la industria textil no pueda satisfacer las necesidades de los diseñadores argentinos: “Las fábricas que hay no alcanzan a cubrir las necesidades que tenemos. Y hay novias que quieren hacerse sus vestidos con determinadas telas que sólo se fabrican afuera y que aquí no se pueden conseguir. Entonces, es ahí cuando tenemos que adaptarnos para ver cómo hacemos para que esa mujer luzca como ella quiere en su noche de bodas”.
En este sentido, Adot fue uno de los primeros en animarse a criticar duramente a las políticas restrictivas de la Secretaría de Industria y la Secretaría de Comercio. “Dicen que las restricciones son para proteger la industria, pero es una gran mentira. Acá no hay industria: no hay ni sedas, ni bordados, ni encajes”, aseveró a la emisora porteña, al tiempo que clarificó que sólo puede conseguir denim, algodón y camisería argentina, pero el resto es importado.
“Muchos que hemos empezado hace poco y queremos distinguirnos en el diseño de alta costura nos vemos limitados en nuestro trabajo por las restricciones del Gobierno. Es una locura que nos ordenen con qué materiales debemos trabajar y con qué no”, resaltó María Victoria Antequeda.
Los ballets, también preocupados
Muchas academias de danzas y ballet profesionales están preocupados ante esta situación. Muchos inclusive viajan todos los meses a Buenos Aires a la pesca de conseguir unos cuantos metros de paños europeos para poder realizar sus vestuarios, aunque muchas veces se trasladan a la gran ciudad en vano.
“En julio fui a las casas textiles de Capital Federal en busca de telas de calidad para los vestuarios de mi ballet y encontré muy poca variedad. Lo nacional que vi no era malo, pero no era la calidad que buscábamos”, explicó Gabriela Magni, bailaora de Simpecao y una de las directoras del Ballet Estrella. Además, junto con su hermana Rocío han creado, hace unos meses, una línea de indumentaria para bailarinas con la idea de ser una alternativa a la hora de que los artistas elijan sus indumentarias.
Pero no solamente son los diseñadores y comerciantes de tela que se ven afectados, si no las novias, quinceañeras y todas las personas que quieren lucir un modelo con paños extranjeros y que no pueden viajar a comprarlo en el exterior.
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