El oficialismo votó dividido entre varones y mujeres respecto de citar o no al director de Control Urbano para saber cómo interviene en la problemática de la nocturnidad.
Améndola deberá explicarle mañana a los concejales qué es lo que está haciendo el gobierno municipal para evitar los habituales excesos cometidos por algunos de quienes salen de noche, es decir, cómo interviene en la problemática llamada un poco ambiguamente "nocturnidad".
Pero la diferencia esencial entre varones y mujeres del Frente para la Victoria no pasa por jóvenes alcoholizados, música a todo volumen o motocicletas de escape estruendoso. La diferencia está en la visión que tienen sobre los cabarets reciclados como "bar y pool" sospechosos de seguir cultivando el negocio rentable de la prostitución.
Poco es lo que ha trascendido sobre las divergencias en la bancada oficialista porque, a pesar de que las mujeres son mayoría, cinco contra cuatro, se acordó que el único vocero será el presidente Julio Frías, un varón.
Frías habló con EL POPULAR Medios a través del periodista Osvaldo Fernández, conductor de "Un Cacho de Mañana", programa que se difunde por la 98 Pop.
En sus declaraciones no estuvo ausente cierto paternalismo machista al justificar la existencia de opiniones contrapuestas en "la falta de experiencia de concejales de mi bloque" y en que "no percibieron lo que estaba pasando" y "no les quedó muy clara la situación".
Es decir, sólo las presuntas limitaciones de experiencia o entendimiento las habían llevado a no coincidir con la parte masculina de la representación oficialista en la Comisión de Legislación, Julio Frías y Einar Iguerategui.
En realidad, un análisis más frío y menos involucrado arribaría a una conclusión más obvia y menos desvalorizante para las concejalas del Frente para la Victoria: en el tema de los cabarets, prostíbulos encubiertos en realidad, las miradas masculinas y femeninas estándar son diferentes, a veces incluso contrapuestas.
Muchos hombres no están dispuestos a creer seriamente que en la inmensa mayoría de los cabarets las mujeres son esclavizadas impiadosamente, despojadas de su condición de personas para ser convertidas en dóciles animales que proporcionan grandes ganancias a sus dueños y que pueden ser abandonadas, o incluso sacrificadas, sin remordimiento cuando dejan de generar utilidades.
La persistencia de los prostíbulos que funcionan abiertos a todo público bajo el nombre de cabarets, bares musicales o bares y pool no se justifica solamente por ser una caja tradicional de las policías de todo el país -cuando no también de algún funcionario- sino también por una cuestión cultural.
Julio Frías aclaró en su entrevista con Osvaldo Fernández que la prostitución no constituye un delito y lo que se persigue es el proxenetismo. En realidad, ahora rige en la Argentina la ley 26.364, concibe al tráfico de personas como un delito para el que se contemplan penas de 3 a 15 años de prisión.
A lo largo de años este diario publicó entrevistas a ocho mujeres paraguayas que lograron huir de cabarets locales después de haber sido atraídas con engaños a Olavarría y depositadas en un negocio en el que les exigían vestirse con ropas insinuantes y ponerse a "trabajar" de inmediato.
Estas fueron las que lograron huir, pero es imposible saber cuántas son las que terminaron atrapadas en un círculo infernal. Habrá seguramente quienes se resignaron a su suerte y trataron de poner al mal tiempo buena cara y acomodarse a una nueva vida, conscientes de que cualquiera puede acostumbrarse a cualquier cosa, pero deben ser indudablemente muchas más las que se transformaron, literalmente, en esclavas sin futuro ni derechos.
A pesar de tantas mujeres que dieron su testimonio a EL POPULAR, nunca se avanzó en ninguna de las causas. Sí hubo una reacción saludable del gobierno municipal, que elaboró la ordenanza prohibiendo los cabarets en el partido de Olavarría.
El sólo hecho de tener que promulgar una ordenanza para evitar que se siguiera cometiendo un delito, en este caso el proxenetismo, a la vista de quien quisiera mirar grafica más que cualquier otra cosa las dificultades reales para eliminar una práctica innoble, en torno de la cual giran otras actividades delictivas.
Una funcionaria del Ministerio Público Fiscal le dijo al autor de esta nota, después de un allanamiento de resultado nulo en un cabaret, que habían encontrado a una sola mujer y ella había dicho que estaba allí por propia voluntad. La réplica obvia fue que si las únicas armas investigativas de las que se disponía eran preguntarle a una presunta víctima tal vez amenazada de muerte o a una presunta beneficiaria del negocio infamante, entonces estábamos todos perdidos.
Lo mismo puede planteársele a Julio Frías, que dijo que los inspectores municipales no pueden ir más allá del mostrador, aunque después amplió esas facultades a la cocina, pero les vedó el derecho de pasar a otras dependencias porque podría constituir una "violación de domicilio".
"Si después de la cocina hay una puerta donde tienen diez mujeres encerradas, la Municipalidad ahí no puede entrar", fue la tal vez desafortunada comparación de Julio Frías.
Sin embargo, no parece descabellado suponer que dentro de las facultades de la Municipalidad está denunciar la presunta comisión de un delito después de llegar hasta la cocina de un local y comprobar que las luces de colores dificultan ver bien las bolas de pool de mesas cubiertas de telarañas, se está pasando música como en cualquier boliche y alrededor de las mesas se mueven mujeres de minifalda, cargadas de maquillaje y desazón.
Y en el caso de que la apariencia no sea tan evidente, no es difícil enterarse si un bar y pool realmente funciona como prostíbulo. Termina resultando hasta risible que la persecución a estos locales pase habitualmente por labrarle infracciones y eventualmente clausurarlos por carecer de permiso para vender alcohol.
Como se mencionó antes, las penas para la trata de personas van de los 3 a los 15 años de prisión, ciertamente más severas que una clausura por un par de días.
¿Hasta qué punto influirá la mirada de género en ámbitos de poder para que la trata de personas y la esclavitud de mujeres sea perseguida más eficazmente que ahora? Se supone que esa incógnita debería comenzar a despejarse en poco tiempo, para bien de las víctimas.
Por lo pronto, hubiera sido muy interesante haber escuchado la opinión de las tres concejalas del Frente para la Victoria, para tener una idea cabal de la mirada femenina oficialista sobre una cuestión tan sensible.
La de Julio Frías es, a juicio de este periodista, un tanto facilista y superficial, tal vez teñida por la impronta cultural que pone a la mujer en un lugar subordinado y a la prostitución -aunque sea fruto de la esclavitud- como un mal necesario.
También sería bueno determinar si detrás de la decisión de que sólo Julio Frías sea el portavoz único del bloque es para respetar su lugar de presidente del bloque o hay, fundamentalmente, un respeto tácito de todos a la cultura patriarcal que supone que es improbable que una mujer pueda hablar de cosas que vayan más allá de la cocina y la moda.




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