Por Ricardo RoaA veces, las partes valen más que el todo. Pasa en los discursos. Pueden ser en general aburridos o deshilvanados, a base de frases fragmentadas. Pero decir allí cosas que en sí mismas son valiosas.
Rico en definiciones, pobre como pieza fue el mensaje de Moyano en Plaza de Mayo. Por años fue un interlocutor privilegiado del Gobierno.
El sindicalista al que los Kirchner arroparon en el poder.
Pero ayer rompió ese puente. Diferenció dos clases de exilio en el 76: el de los que se fueron del país y el de los que se fueron al sur a lucrar con la 1050. En Santa Cruz, los Kirchner encontraron no un sitio para el heroísmo sino para la usura.
Se sabe: en los que no están de acuerdo, el Gobierno sólo ve complotados para destituirlo . Moyano le pidió a Cristina que no confunda el reclamo con la extorsión ni con un golpe de Estado: la Presidente “no se va a ir hasta que cumpla su mandato”.
En el resto de las cosas, incurrió en sobredosis de peronismo. Se perdió en un pasado difícil de entender para los más jóvenes. Sin embargo, quedó claro el lugar político donde se para en el peronismo: reivindicó el abrazo de Perón con Balbín en oposición al lenguaje del todo o nada del kirchnerismo.
“Lo máximo de la locura es creer que pueden sustituir a Perón y Eva Perón” , disparó.
En el palco, Moyano debió esperar que Cristina terminase un interminable discurso en San Luis, donde fue a inaugurar un criadero de cerdos. Créase o no: volvió a hablar de las virtudes de la carne de chancho y del viagra y anunció que f omentará el transporte ferroviario para que haya menos camiones.
No nombró a Moyano. No hacía falta.
Los dos discursos anuncian que el conflicto seguirá.
El paro no fue bueno, pero la movilización sí , aún sin repetir la de River o la de la 9 de Julio. Fue el primer acto opositor del sindicalismo peronista. Hubo muy pocos dirigentes. Algunos prefieren no tener voz frente al Gobierno, como él dijo. Otros le pasan la factura por lo que hizo o no hizo desde la CGT apadrinado por Kirchner.
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