Discursos calientes también ponen frío en la economía

Hernán de Goñi

Enfriar la economía es una consigna que ningún funcionario que se precie de defensor del modelo K se animaría a llevar a la práctica. Pero esa afirmación se ha vuelto relativa.

Porque aquellos que se oponen a desacelerar la actividad como parte de una receta ortodoxa, son más contemplativos cuando se llega al mismo efecto en defensa del mercado interno, aunque suene algo contradictorio.

La aplicación de las barreras para importar que la Argentina comenzó a aplicar este año en forma más generalizada impactaron en la balanza comercial, en el frente fiscal y también en algunos rubros industriales. Está claro que parte del efecto buscado era disminuir el boom importador, a sabiendas de que eso recortaría la recaudación que proviene del comercio exterior y que varios sectores sentirían afectados el nivel de abastecimiento de sus insumos. La reacción de Brasil le dio un sesgo más negativo a este impacto.

Lo que asoma es un discurso confuso, si no contradictorio. Porque aunque hay una defensa lineal de la producción local, también hay enfriamiento. La pelea por el avance de la ANSeS reactivó el proceso de salida de capitales y acortó el horizonte de las inversiones, causando sobre el PBI un efecto similar al que se dice combatir.

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