Con un discurso patriótico, Sarkozy copó los actos del Día del Trabajador

París vivió un 1° de Mayo inusual, con manifestaciones de partidos de derecha.

Bajo el cielo azul con perfectas nubes blancas, el escenario con la Torre Eiffel de fondo y miles de banderas tricolores parecía un cuadro de Magritte. El presidente candidato Nicolas Sarkozy se jugaba ayer una esperanza que no le dan los sondeos por los comicios presidenciales de este domingo en Francia, en un discurso patriótico, en el que otra vez apuntó contra los inmigrantes, en la explanada de los derechos humanos, ante más de 100.000 de sus adherentes.

El mandatario quería celebrar el “día del verdadero trabajo”, a su manera. Muy poco después que Marine Le Pen, del xenófobo Frente Nacional, anunciara que votará en blanco en el balotaje y recomendará un voto “a conciencia” a sus votantes de la primera vuelta. Los desencantados de la política tradicional la aplaudían en la plaza de la Opera, con televisación directa, en otro gesto de “desdiabolización” de su figura.

Un 1° de mayo inusual, disputado y con protagonistas diferentes a los habituales en Francia. A cinco días de las elecciones presidenciales, el día de los trabajadores se convirtió en rehén de la campaña política.

La tradicional manifestación de los sindicatos, que partió de la plaza Denfert Rochereau a la Bastilla, salió más tarde que lo normal para tener un lugar en esta batalla mediática por el espacio y la representación. El candidato socialista François Hollande optó por no ir y rendir homenaje al ex primer ministro de Mitterrand, Pierre Beregovoy, que se suicidó, en Nevers. Pero sí fue toda la cúpula del socialismo, encabezada por Ségolène Royal y Martine Aubry.

Ayer hubo 700 manifestaciones en Francia. Según la CGT, reunieron en su totalidad a 750.000 personas, aunque para el Ministerio del Interior fueron 316.000. Los sindicalistas aseguraron que en París asistieron 250.000 manifestantes a la plaza de la Bastilla.

En Trocadero, Sarkozy hablaba a una multitud elegante y entusiasta, que él calculó en 200.000 personas. Una cifra imposible de constatar, pero la imagen era absolutamente espectacular. Un mar de banderas francesas con fondo de la torre Eiffel.

Antes del acto, en una entrevista por TV, Sarkozy se había quejado de la cantidad de inmigrantes en Francia. “Nuestro modelo de integración no funciona. ¿Por qué? Porque antes de que se integren los que se encuentran en nuestro territorio, llegan otros (extranjeros)”, afirmó.

Junto a la Torre Eiffel, en cambio, llamó a la unidad. “Bajen las banderas rojas y sirvan a Francia”, lanzó Sarkozy a los sindicatos desde su tribuna, en la fiesta del “verdadero trabajo”, como él la llamó. “Dejen los partidos, cumplan la misión que es la vuestra en democracia: defender los asalariados y el trabajo. No lo olviden”, intimaba el presidente a los sindicalistas, que esperaban el inicio de su desfile en la otra punta de París.

Frente a una multitud que gritaba “Nicolas, president”, insistía: “Miren los cortejos: ellos han elegido desfilar con las banderas rojas, nosotros hemos elegido la bandera tricolor”.

El discurso lo había escrito Henri Guaino, un gaullista que estaba asombrado de la derechización del discurso presidencial para encantar a los electores del Frente Nacional.

Esta vez fue un Sarkozy más moderado, al centro de la derecha, con una propuesta de un “nuevo modelo social francés”. Un Sarkozy que trataba de rectificar el rumbo en el final de la campaña.

En la multitud había matrimonios paquetes, familias sofisticadas, jovencitas espléndidas. “Yo le creo a Sarkozy. El no nos ha hecho perder un centavo en esta crisis. Con Hollande yo tengo miedo a todo eso”, confió Eliane Etilleux en la marcha. Asentía la familia Renaud, que llegó con sus chiquitos. “Cien por cien detrás de Sarkozy. Es un No a Hollande y al ‘asistanato’ con nuestros impuestos”, reclamó Frederick, el marido.

“Contramanifestación sarkozista”, denunciaron los socialistas. La secretaria general del PS, Martine Aubry, acusó a Sarkozy de “dividir una vez más a los franceses”.

Manuel Valls, el director de campaña de Hollande –quien según todos los sondeos será el próximo presidente de Francia–, estaba en la marcha de los sindicatos y utilizó la ironía. “No es cuestión de hacer un match entre manifestaciones. Es una bella toma de conciencia. Es nuevo para ellos, ellos han entendido que el 1° de mayo pasa algo”, dijo.

Jean Luc Melenchon, el líder del Frente de Izquierda, le respondió a Sarkozy desde la manifestación. “El 1° de mayo siempre ha sido rojo”, advirtió. “Esos que se han agrupado con la medio loca allá delante de la estatua de Juana de Arco (Marine Le Pen) o con Nicolas Sarkozy jamás han hecho otra cosa que combatirnos”, lanzó.

Para los sindicatos, fue un día delicado: debían preservar y defender en la ofensiva sarkozista el carácter sindical del día del trabajador, sin que fuera cooptado por otras fuerzas. Sus reclamos estaban centralizados en reivindicaciones sociales. El patrón de la CFDT, François Chéreque, no dio consigna de voto pero afirmó que el discurso sobre el trabajo de Sarkozy se había vuelto “insoportable”. Sólo el líder de la CGT anunció que votará a Hollande.

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