El discurso de certeza de los Kirchner se torna vacío

Por Joaquín Morales Solá

Quizá ni el propio Ricardo Alfonsín haya imaginado nunca que su triunfo en una interna local agitaría profundamente el plácido letargo de la política. Néstor Kirchner, dueño del monopolio de la decisión política hasta el pasado domingo, está condenado desde entonces a pensar en la estrategia de sus competidores.

"Hay que acordar rápido las condiciones del acuerdo", se desesperó un peronista disidente en alusión a su propio sector, fragmentado por varias candidaturas presidenciales. Julio Cobos abandonó su condición de candidato inevitable del radicalismo, y el Acuerdo Cívico y Social se alborotaba con nuevas intenciones y con otros planes tras la novedad dominguera.

Unos 150.000 bonaerenses que votaron en esa interna dejaron, sin embargo, otras dos lecciones que podrían servir para entrever los anhelos sociales. El primer mensaje es el que reclama una rápida renovación de la política. El apellido Alfonsín está asociado a la política desde hace muchos años, pero Ricardo Alfonsín es una persona conocida desde hace muy poco tiempo. Sus contrincantes internos, Leopoldo Moreau y Federico Storani, eran la expresión cabal de una vieja dirigencia apegada a las estructuras partidarias, demasiado distante de la sociedad. En verdad, Moreau debió abandonar la militancia política después de las elecciones nacionales de 2003, cuando llevó al radicalismo, como candidato presidencial, a la peor cosecha de votos en su historia, poco más del 2 por ciento de los sufragios nacionales.

El segundo mensaje está implícito en el estilo del Alfonsín actual. Dialogador y consensual, nunca creó un solo instante de crispación, ni siquiera en las tensas vísperas de la elección interna. Es el radical que mejor dialoga con Elisa Carrió, pero es el mismo radical que pudo ir a la cena del Bicentenario y saludar a Cristina Kirchner con las formalidades del caso. ¿Hay algo más distinto que ese estilo y el sistema de gobierno de los Kirchner? Se ha hecho célebre en la política una definición del matrimonio gobernante que pertenece a Federico Pinedo en sus horas de filósofo amateur: "Los Kirchner no soportan la paz". Es probable que la elección del domingo haya mostrado también los primeros síntomas palpables de cierta fatiga social de ese modo de gobernar.

La política argentina es volátil y tiene, a veces, un ritmo de vértigo. Cobos lo sabe mejor que nadie. Hasta hace sólo tres meses, el vicepresidente era el candidato ineludible del radicalismo para las presidenciales del próximo año. Muchos peronistas encumbrados, y algunos muy cercanos a la cima kirchnerista, aseguraban que Cobos era el próximo presidente de la Argentina. Desde el lunes pasado, está en dudas su condición de candidato presidencial y, por lo tanto, su posibilidad de acceder a la jefatura del Estado. Puede deducirse fácilmente que el principal problema de Cobos está en el radicalismo, donde muchos afiliados no olvidaron su extinguido romance con los Kirchner.

El peronismo disidente se sofoca. ¿Qué hacer ahora para no perder tiempo? Los peronistas antikirchneristas jugaban con la laxitud del tiempo porque el principal referente no peronista de la oposición, Cobos, es un hombre amordazado por el cargo vicepresidencial.

Ricardo Alfonsín puede, en cambio, jugar a candidato desde ahora mismo. Al revés de Cobos, Alfonsín está en condiciones de prometer la reunificación del Acuerdo Cívico y Social, y, sobre todo, un acuerdo con Elisa Carrió y con el socialismo, que eran muy renuentes a cerrar un trato con el vicepresidente.

Carrió ya anticipó que está dispuesta a definir la candidatura presidencial de esa eventual alianza mediante consultas de encuestas sobre intención de votos, no sobre imágenes. Pero ella quiere, primero, crear una coalición en condiciones de gobernar, que podría incluir a algunos peronistas. "La actual coalición [por el Acuerdo Cívico y Social] no es una coalición gobernante", ha dicho. Para Carrió, apurarse no siempre es bueno, y les endilga el pecado de la premura a Cobos y a Alfonsín.

El peronismo disidente estaba acostumbrado a medir probables fuerzas sólo con el kirchnerismo. Incluso, se le atribuye a Eduardo Duhalde la siguiente descripción reciente: "Kirchner cree que puede poner las pesas en las dos bandejas de la balanza. Nosotros tenemos que demostrarle que también podemos poner pesas en la balanza".

El nuevo conflicto de ellos consiste en que se sumó un actor más, el núcleo no peronista de la política, a esa distribución de la relación de fuerzas. "El «efecto Alfonsín» marcará otro ritmo en el peronismo disidente. Negarlo sería negar los cambios de la política", aceptaron muy cerca de Duhalde.

Ese peronismo no kirchnerista tiene sus límites. Uno de ellos son los intereses electorales del propio Duhalde. Su encuestador predilecto, Julio Aurelio, le acaba de decir que su imagen negativa empató por primera vez con la positiva. Duhalde tenía en los últimos años una imagen negativa mucho más alta que la positiva. ¿Por qué frenar ahora ese proceso de crecimiento? No lo hará. El ex presidente acortará sus tiempos, pero no los interrumpirá. "Le hablará a la sociedad de certidumbre y de futuro, que son las grandes ausencias de la política de hoy", vaticinan a su lado.

Otro límite es la obstinación de Francisco de Narváez en pelear su improbable candidatura presidencial. Mientras su situación esté indefinida entre las aspiraciones a la presidencia de la Nación y a la gobernación de Buenos Aires, el peronismo disidente difícilmente podrá construir una alternativa definitiva. Por algo es el único político que le ganó personalmente a Néstor Kirchner desde las elecciones de 2003.

Un obstáculo no menor para el peronismo no kirchnerista consiste también en vislumbrar qué hará el jefe del gobierno porteño, Mauricio Macri. ¿Lo acompañará? ¿Edificará su propia candidatura al margen del peronismo, aunque se condenen él y el peronismo a una eventual derrota? ¿O buscará un acuerdo con ese peronismo, aunque corra el riesgo de resignar su candidatura presidencial? Macri calla, por ahora, pero sus laderos aceptaron que oyó los ruidos de las nuevas ráfagas políticas.

No hay peronistas auténticos que alcancen ahora la imagen positiva que tienen Cobos y Alfonsín, pero la volatilidad de la política también los acecha a los dos líderes radicales. Nada es definitivo para nadie en la política argentina. Y el futuro es más imprevisible aún para los que gobiernan, porque están sometidos a un escrutinio mucho más severo de parte de la sociedad.

Si todos han perdido la seguridad electoral, el reciente discurso de certezas de los Kirchner, que prometían inverosímiles continuidades, se torna ahora más vacío que antes.

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