Discriminación: los echaron del boliche por besarse

“Yo no quiero que esto quede como una acécdota más y que pase el tiempo y hagamos de cuenta que no ha ocurrido nada... que paguen por lo que hicieron”, dice Daniel Peppino (29 años, camarero).
Era la madrugada. Daniel y Cristian se miraron, con la música de fondo. Y por un rato se olvidaron de sus amigos: cerraron los ojos y se besaron. El gesto de amor fue bruscamente interrumpido: dos “patovicas” los tomaron por el cuello, los empujaron y los arrastraron hasta la vereda. Les dijeron que “este tipo de cosas no se pueden hacer”. Y los echaron.

Daniel y Cristian son jóvenes. Viven en Santa Rosa, trabajan cada día. Son pareja hace dos años y medio. El desplante lo sufrieron en el boliche “V8 American Bar”, según dejaron denunciado formalmente ante la Seccional Tercera de la Policía y ante el INADI.

“Impotencia”, describió su sensación principal Daniel Peppino (29 años), cuando le contó la historia a El Diario. El hecho ocurrió el 9 de julio pasado, entre las 4 y las 5 de la madrugada: habían salido con un grupo de amigos, aprovechando el feriado, y terminaron humillados.

Daniel, que es camarero en “La Campiña”, explica que cuando se estaban besando con Cristian (peluquero), esa madrugada, “sentimos de pronto el agarrón en el cuello y los empujones. Jamás me había pasado algo así, ni en ese lugar ni en ningún otro”.

Habían ingresado con un grupo de amigos, gratis, porque les dieron entradas “free”. Estuvieron en el boliche casi toda la noche, sin problemas, bailando y caminando en su interior, hasta que se produjo ese episodio puntual, en el sector fumadores, cuando se besaron.

Hasta ese momento “estaba todo normal, re-tranquilo... no podíamos tener la expectativa de que algo así pasara”. Los amigos estaban distraídos, dando vueltas por el lugar y se enteraron recién al otro día de lo que ocurrió.

A Daniel y Cristian, en medio del beso, los arrastraron a la salida que hay por ese sector. “Son órdenes de arriba”, explicó uno de los responsables de Seguridad cuando quisieron plantear una queja. Los dejaron regresar, pero sólo para buscar sus abrigos, que habían quedado en el guardarropa. “Vayan y salgan rápido”, les advirtieron. Hay testigos de esa conversación.

“Sentimos impotencia, estábamos re- calientes”, dice Daniel. Fueron hasta su casa y desde allí llamaron a sus padres y a la Policía. “Queríamos hacer todo prolijo en el momento, para que después no dijeran que estábamos borrachos o algo. No quisimos cometer errores. Porque esto que nos hicieron es injusto y lo tienen que pagar”.

El abogado que los representa es José Mario Aguerrido. Por ahora no saben nada del avance de la causa en la Justicia. Sí que desde el boliche echaron a correr versiones que daban a entender que los habían sacado porque existió una pelea: “eso es todo mentira, incluso dijeron que querían un acuerdo... Yo lo que pido es que muestren el contenido de las cámaras de seguridad, que son obligatorias por ley y que toman todo lo que ocurre”, dice Daniel.

Y completa: “Yo no quiero que esto quede como una acécdota más y que pase el tiempo y hagamos de cuenta que no ha ocurrido nada... Aparte cuando lo cuento, resulta que todos tienen algo para aportar, les ha pasado esto de la discriminación por distintos temas, por una zapatilla o por lo que sea. Nosotros tenemos una conducta intechable, somos laburantes, no jodemos a nadie, y tenemos que estar haciendo esto, exponiéndonos a que a lo mejor nos digan cualquier cosa... pero queremos que paguen por lo que hicieron”.

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