José Manuel de la Sota ocupará el escenario en uno de los últimos almuerzos del año que organiza la Fundación Mediterránea.
En aquel encuentro, el gobernador confirmó lo que el empresariado ya veía venir desde hace rato: un aumento en la presión tributaria.
“Algo tengo que hacer porque no sé con qué me va a salir Axel Kicillof el año que viene”, suele expresar De la Sota, en un intento por justificar el incremento del impuesto que más “duele”: Ingresos Brutos.
Entre los empresarios prevalece una disconforme resignación contra la idea de volver a ajustar este tributo, que prácticamente se duplicó en los últimos años. El aumento se producirá en un contexto de constante caída de rentabilidad por la suba de costos.
Pero De la Sota y sus funcionarios encuentran en la inflación una vía de escape para canalizar cualquier disconformidad: “Que lo trasladen a los precios”, dicen.
Hay sectores donde eso no es tan sencillo, por cuestiones como los controles nacionales o por posicionamiento frente a competidores de otras provincias.
Puertas adentro de las entidades, el río sigue sonando. Algunos dirigentes vienen recibiendo la presión de asociados para expresar una oposición más clara. La influyente Cámara de Comercio de Córdoba, por ejemplo, discutirá hoy la situación (incluido el ajuste municipal).
Un escalonamiento de los aumentos, dividiéndolos por niveles de facturación y por etapas podría ser una salida, entienden los dirigentes. Pero con las urgencias de financiamiento que tiene el sector público, es difícil que la vara se tuerza.


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