Alejandro Vandenbroele fue a la casa de su ex mujer con una escribana para ver a su hija y evitó hacer declaraciones. Cambió de abogado.
Vandenbroele estuvo ayer en Mendoza y fue a visitar a su hija, quien vive con Muñoz en una casa de Luján.
Cinco minutos antes de las cuatro de la tarde, un auto se detuvo en la casa de la mujer. Del asiento del acompañante bajó Vandenbroele. Llevaba una bolsa de regalo con un moño rosado. Estaba acompañado por una escribana.
El directivo de la ex Ciccone se mostró despreocupado, como si supiera que nadie iba a atenderlo. Era evidente que quería dejar registrado el momento, ya que hace por lo menos dos meses, desde que se hizo público el escándalo por el que es investigado en la Justicia, cortó todo contacto con su familia. De jean, remera y zapatillas rojas, caminó hasta el frente de la casa donde residen Muñoz y sus tres hijos (dos de un anterior matrimonio de ella). No encontró el timbre y aplaudió para que alguien le respondiera. No se inmutó al ver a los periodistas que lo esperaban en la calle.
"No voy a hacer declaraciones. Vengo a ver a mi hija; es un tema personal", fue todo lo que dijo.
Vandenbroele caminó por la vereda. Se acercó al policía que estaba en un móvil que custodia a Muñoz y le preguntó si había visto "salir a alguien". Aguardó cinco minutos. Y se fue.
La aparición de Vandenbroele en la casa de su ex esposa coincide con el cambio de su abogado. Ya no lo defiende más Oscar Bareiro. Es que Bareiro fue quien acompañó a Vandenbroele en el proceso de levantamiento de la quiebra de Ciccone y puede llegar a ser imputado. Vandenbroele eligió a Hugo Pinto, un penalista que fue defensor de Fernando de Santibañes, ex número uno de la SIDE imputado por las coimas en el Senado; y de dos ex ejecutivos de la empresa Skanska.
El jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, había dicho hace pocos que creía que el "caso Ciccone" iba a terminar como "el caso Skanska", es decir, de modo favorable para el Gobierno. Coincidencias.



Comentá la nota