La diplomacia de EE.UU., cada vez con más tareas de espionaje

Los cables revelan límites más difusos; hubo incluso trabajos de inteligencia en la ONU

WASHINGTON.- Estados Unidos ha ampliado las atribuciones de los diplomáticos norteamericanos, cuyas funciones ahora incluyen la recolección de información de inteligencia tanto en el extranjero como en territorio nacional, ordenando al personal del Departamento de Estado que reúna los números de tarjeta de crédito, de viajero frecuente, horarios de trabajo y demás información personal de los dignatarios extranjeros.

Estas órdenes, que se desprenden de comunicaciones clasificadas del Departamento de Estado, se remontan a 2008 y parecen desdibujar los límites tradicionales entre funcionarios del Estado y los espías.

Estas comunicaciones suministran una lista de instrucciones de la forma en que los empleados del Departamento de Estado pueden cumplir con las exigencias de una Directiva Nacional de Recolección de Humint (hacer inteligencia en humanos) en países específicos.

Una de esas comunicaciones internas solicita a los funcionarios que recaben información sobre "directivos de oficinas y organizaciones; nombres, cargos y otras informaciones que consten en tarjetas de negocios; teléfonos, celulares, beepers y faxes", así como "alias de Internet e Intranet, direcciones de mail, números URL de sitios web; cuentas de tarjetas de crédito, cuenta de viajero frecuente, horarios de trabajo y toda otra información biográfica relevante".

Esos comunicados, enviados a las embajadas de Medio Oriente, Europa oriental, América latina y a la delegación de Estados Unidos en Naciones Unidas, no brindan evidencia de que los diplomáticos norteamericanos estén intentando robar secretos de países extranjeros de manera activa, una tarea tradicionalmente reservada a las agencias de espionaje de cada país.

Si bien hace tiempo que el Departamento de Estado suministra información a la CIA para colaborar en la elaboración de perfiles de funcionarios extranjeros, la información que ahora los diplomáticos deben reunir podría ser utilizada por la Agencia Nacional de Seguridad para hacer "minería de datos" y vigilancia de actividades personales.

Muchos de esos comunicados también solicitan a los diplomáticos que suministren detalles sobre las redes de telecomunicaciones que brindan apoyo a las agencias de inteligencia y de los militares en países extranjeros.

Una práctica habitual de Estados Unidos es colocar funcionarios de inteligencia encubiertos en puestos diplomáticos, pero la gran mayoría de los diplomáticos no son espías. Varios embajadores retirados expresaron su preocupación de que los empleados del Departamento de Estado caigan bajo un manto de sospecha de espionaje y se les haga difícil cumplir con sus tareas, o que incluso puedan ser expulsados.

Ronald E. Neumann, ex embajador en Afganistán, dijo que desde Washington llegaban constantemente voluminosos pedidos de información sobre países extranjeros. Pero dijo no entender por qué se les pedía a los funcionarios -que no reciben entrenamiento en la recolección clandestina de información- que reunieran datos como, por ejemplo, números de tarjeta de crédito.

"Mi preocupación, en primer lugar, sería saber si esos funcionarios pueden recaudar esa información de manera responsable y sin meternos a todos en problemas", dijo. "En segundo lugar, me preocupa cuánto esfuerzo debe dedicarle un empleado a esta tarea, en detrimento de sus labores habituales."

Cacería global

Los pedidos de recolección de información que se hicieron a los diplomáticos llegaron en un momento en que las agencias de inteligencia del país se esfuerzan por afrontar dos guerras y una cacería global de terroristas. El Pentágono también ha expandido abruptamente sus tareas de inteligencia fuera de las zonas de conflicto armado, con el envío de tropas de operaciones especiales a las embajadas para reunir información sobre redes de militantes.

A diferencia de los miles de cables originariamente obtenidos por el grupo WikiLeaks y que fueron enviados desde embajadas lejanas a los cuarteles generales del Departamento de Estado, la media docena de cables que datan de 2008 a 2009, donde se ordena una recolección de datos más agresiva, fueron enviados desde Washington y firmados por las secretarias de Estado Condoleezza Rice y Hillary Rodham Clinton.

Uno de esos cables, firmado por Clinton, detalla las información prioritaria que debían reunir los norteamericanos destacados en la sede de Naciones Unidas de Nueva York, entre ellas, "la biografía e información biométrica de los diplomáticos norcoreanos de rango".

Aunque diversos tratados internacional prohíben el espionaje en Naciones Unidas, es un secreto a voces que los países lo intentan de todos modos. En un vergonzoso episodio ocurrido en 2004, un funcionario británico reveló que Estados Unidos y Gran Bretaña habían interceptado las conversaciones del secretario general de Naciones Unidas, Kofi Annan, durante las semanas previas a la invasión a Irak de 2003.

En marzo de 2008, se les preguntó a diplomáticos destacados en Paraguay acerca de la presencia de Al-Qaeda, Hezbollah y Hamas en la anárquica zona de la triple frontera que comparten Paraguay, Brasil y la Argentina. A los diplomáticos de Ruanda y Congo, se les pidió en abril de 2009 que suministraran información sobre el rendimiento de las cosechas, índices de contagio de VIH y de las exploraciones de China en busca de petróleo, cobre y cobalto.

En un cable del 31 de octubre de 2008 a las embajadas de Estados Unidos en Israel, Egipto y otros países, se requería información sobre "asuntos palestinos", incluyendo "planes, intenciones y esfuerzos palestinos para influir en la posición norteamericana frente a las negociaciones palestino-israelíes". Para contar con ambas versiones, el Departamento de Estado también requería información sobre "las intenciones de los líderes de Israel y sus estrategias respecto de las relaciones con Estados Unidos".

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