Articuladora principal de las denuncias de corrupción contra el ministro de Deportes de Brasil Orlando Silva, ayer la oposición política brasileña empezó a replegar las velas. Apostaba a debilitar al gobierno de Dilma Rousseff en el punto que más puede dolerle a la jefa de Estado: la “desorganización” del Mundial del 2014. Pero según los principales medios periodísticos nacionales, los líderes parlamentarios opositores consiguieron el efecto contrario.
Según sugiere la prensa brasileña Orlando Silva es, en realidad, un político próximo a Ricardo Teixeira, el comandante de la CBF (versión brasileña de la AFA). Este dirigente del fútbol brasileño, yerno del mítico Joao Havelange, trabaja en forma mancomunada con Joseph Blatter, el titular de la FIFA. Para la entidad futbolística mundial, nada puede ser peor que perder un funcionario brasileño permeable a sus intereses justo en el momento en que se negocian temas claves de la realización del mundial. Está de por medio el proyecto de Ley de la Copa que el gobierno de Dilma ya mandó al Congreso y que no es del agrado de la FIFA. Hay “divergencias”, reconoció ayer Silva ante el Congreso, que lo llamó a declarar por segunda vez en la semana por el supuesto caso de corrupción .
Según la prensa, la FIFA “presiona” a Dilma para reformular esa ley, porque no atiende los reclamos de la federación. Pero la presidenta brasileña se plantó firme. En declaraciones realizadas desde Sudáfrica, donde se encontraba de gira, dijo que no irá a conceder nada que implique violar leyes consagradas en Brasil. Uno de los temas emblemáticos es el pago de media entrada por personas mayores de 60 años. La FIFA pretende una “derogación” de ese privilegio para este Mundial.
Dilma fue contundente esta semana, al señalar que de ahora en adelante ella y su ministra jefa de la Casa Civil Gleisi Hoffmann, manejarán en forma directa todas las decisiones que tengan que ver con el Mundial. La presidenta dejó claro que no irá a pactar “proximidades” con la CBF de Teixeira. Y en este contexto se entienden varios de los hechos de ayer. En las horas que el ministro Silva pasó en el Congreso para hacer su descargo, nadie lo azuzó con las preguntas. Los periodistas que asistieron a la “indagación” quedaron francamente sorprendidos: la oposición, que se había mostrado muy activa el martes, ayer se esforzó por “bajar” el caso. Fueron “tibios” y evitaron preguntas molestas.


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