Los principales candidatos se midieron en vivo por televisión; Lula volvió a elogiar a Rousseff
En el debate, celebrado en Río de Janeiro y que puso fin a la larga campaña electoral de tres meses, participaron los cuatro principales candidatos a la presidencia de Brasil: Rousseff, del gobernante Partido de los Trabajadores (PT); José Serra, de la principal fuerza opositora, el Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB); Marina Silva, del Partido Verde (PV), y el izquierdista Plinio de Arruda Sampaio, del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), una escisión del PT.
Tratando de mostrarse serena, Rousseff aprovechó sus intervenciones para elogiar la gestión de Lula y asegurar que su gobierno dará continuidad a las políticas sociales del mandatario. "Hemos creado 14 millones de puestos de trabajo durante los últimos ocho años", recordó ante una pregunta de Silva.
Serra se ciñó al guión previsto por sus estrategos, es decir, habló de su propia trayectoria política, de sus años de ministro en los gobiernos de Fernando Henrique Cardoso, y de su etapa como gobernador de San Pablo. Y evitó atacar a Dilma por el caso del tráfico de influencias en el Ministerio de la Casa Civil, revelado por la prensa recientemente. El escándalo motivó la dimisión de la titular del ministerio, Erenice Guerra, ex colaboradora de Rousseff.
A Serra no le dejó ningún rédito político el caso. Dilma bajó en las encuestas, pero él apenas creció. Fue Silva, curiosamente, la más beneficiada. Y fue la candidata ecologista y el octogenario Sampaio, que habla con la sinceridad del que ya no tiene nada que perder, quienes trataron de poner nerviosa anoche a la candidata oficialista. Pero no lo lograron.
Con un formato de preguntas y respuestas cruzadas entre los candidatos, el debate no cumplió con las expectativas que había suscitado. Rousseff, que roza la mayoría absoluta según las encuestas, había preparado el debate a conciencia junto a sus asesores más próximos.
Las consignas eran claras: evitar caer en provocaciones y no cometer errores. La candidata oficialista y Serra se evitaron todo el tiempo. Sólo Silva puso en apuros a Dilma al reprocharle las altas tasas de empleo informal y de inseguridad que sufre Brasil.
Pero Rousseff no perdió el temple. Conforme pasaban los minutos y el debate entraba en los dominios del aburrimiento, la candidata oficialista iba ganando votos.
En el recuerdo de todos estaba el debate organizado por la misma cadena de televisión en las elecciones de 2006. Lula, acosado por denuncias de corrupción en su gobierno, decidió a última hora no asistir, lo que fue aprovechado por su principal rival, el socialdemócrata Geraldo Alckmin, que criticó su ausencia y logró forzar una segunda vuelta.
Con el apoyo decidido de Lula, Rousseff podría evitar ahora esa situación. Un nuevo sondeo de Datafolha publicado ayer mostró un freno en la leve caída que había experimentado Rousseff en los últimos días tras la divulgación del escándalo de la Casa Civil y el posterior enfrentamiento del gobierno con los principales medios de comunicación, a los que acusó de intromisión política.
El promedio de los sondeos difundidos esta semana por las cuatro principales consultoras del país sitúa a Rousseff en la frontera de la mayoría absoluta en primera vuelta.
Capital político a prueba
Ese respaldo de Lula se palpa día tras día. Poco antes de que comenzara el decisivo debate, Lula, con una agenda frenética en la recta final de la campaña, participó en un acto político en San Bernardo do Campo, en el cordón industrial de San Pablo, donde en los años 70 revitalizó el movimiento sindical brasileño. El mandatario está poniendo todo su capital político (su aprobación popular ronda el 80%) al servicio de su candidata.
"Para mí la campaña empieza ahora", dijo ante sus seguidores. Y anunció una caminata silenciosa para mañana en San Pablo. La ley electoral prohíbe hacer propaganda desde hoy, pero no dice nada de las "caminatas silenciosas".
El último mensaje electoral emitido ayer en televisión reflejó una vez más la comunión entre Lula y Rousseff: "Tú que confías en mí y en mi gobierno, no tengas dudas, vota por Dilma. Al igual que yo, Dilma piensa en los pobres, respeta la vida, la paz, la libertad y las religiones", comenta Lula en el mensaje televisado, de fuerte contenido emocional.
Rousseff, por su parte, rinde el enésimo tributo al gobierno de su mentor político e incluso recupera el lema que llevó al mandatario al poder en 2002: "Gobernar con paz y amor". Un día antes, el PT emitió por televisión otro mensaje de Lula en el que el mandatario pedía a la audiencia hacer oídos sordos a la "ola de rumores" sobre la supuesta animadversión de Dilma hacia las congregaciones religiosas.


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