El radicalismo neuquino puede ser la llave que abra la puerta a una coalición probable contra el MPN en el 2011. Pero también puede ser la avalancha que entierre esa posibilidad. Es poco probable el consenso interno, al menos por ahora. La clave: la pelea por el municipio capitalino.
El ser o no ser atormenta. Y la costumbre de especular sobre posibilidades aumenta, pese a que en realidad esas posibilidades recién se abrirán con las acciones, no con los meros enunciados del deseo.
Los dilemas existen permanentemente en la vida. Pero en la coyuntura política actual, se han entronizado en los ardientes cerebros de la fragmentada oposición al MPN. Particularmente en el radicalismo, porque es el partido que tiene la llave de la decisión más importante: el cuándo, cómo y porqué de una eventual coalición amplia.
Después del resultado de la interna en la UCR, se amagó con la convocatoria rápida a otra contienda, para renovar la conducción. Fue un amague, casi una reacción nerviosa de los perdedores. Hoy casi nadie cree en que realmente se haga otra interna este año. Al mismo tiempo, es baja la credibilidad sobre una negociación que fructifique por el lado del consenso. Resultado: el radicalismo es una masa de tensiones, que pueden dispararse hacia cualquier lado, hacia cualquier horizonte posible.
En el sector de Martín Farizano se especula sobre un objetivo que sería, a gusto de esos comensales, ideal. Ese objetivo es armar una coalición en la que Farizano sería el candidato a gobernador; un peronista, el candidato a vicegobernador (cualquier dirigente del PJ en Neuquén, tal vez un intendente, descartando a Oscar Parrilli que seguiría a nivel nacional) y UNE, con Mariano Mansilla, el candidato a intendente en la capital.
Resuelto ese triángulo de poder, el resto, aseguran, sería más fácil y tendría que ver con las realidades de cada distrito.
“Con menos de esto no se puede negociar con el Peronismo y con UNE”, daba por sentado un referente del sector en estos últimos días.
Estas intenciones, que no son parte de una estrategia secreta sino ampliamente conocidas, son las mismas razones que esgrime el sector de Horacio “Pechi” Quiroga para desestimar por el momento cualquier negociación seria que asegure la paz en el radicalismo neuquino. “¿Qué nos pueden ofrecer para negociar?”, se preguntan estos dirigentes, “si la mayor parte de la torta ya la tienen comprometida”, se responden.
Lo cierto es que por ahora el dilema radical parece lejos de resolverse mediante un consenso devenido de la negociación. Los únicos contactos de Farizano han sido con Tomás Eduardo Benítez, el diputado provincial que preside el Comité Provincia de la UCR. No fueron “buenos encuentros”, según se ha coincidido en señalar.
Desde el sector de Quiroga, se mantiene una exigencia que se asegura como irrenunciable: “no se apoyará ninguna coalición que se arme con el kirchnerismo y con UNE”, dicen. Desde el sector de Farizano hay cierto convencimiento de que la cosa se irá acomodando sola, como la anécdota del carro y los melones. Se confía, en realidad, en que los referentes quiroguistas vayan acercándose de a uno. “Ya hay unos cuantos que cruzaron la línea”, dicen.
Pero desde el sector de Quiroga se promete firmeza. Es que existe el convencimiento de que si hubieran votado más afiliados en la interna, el resultado hubiera sido al revés. Y mantienen otro pronóstico: que se quedarán con el control del partido. “Si vamos a internas, en una elección que designa delegados por distrito, gana Pechi, lejos”, afirman.
En realidad, no se descarta nada. Ni siquiera que Quiroga acceda a presentarse como candidato a ser nuevamente intendente en la capital. “Es el único que puede ganarle esa candidatura a Mansilla, y que después podría ganarle al MPN”, sostienen. Como para dramatizar un poco más la situación, se advierte que el radicalismo podría pasar de una sensación triunfal a una derrota apabullante en el 2011. “Si hacemos las cosas mal, podemos perder no solo la posibilidad de ganar la gobernación, sino también el municipio”, dicen.
En este contexto, se espera la visita de Ricardo Alfonsín a Zapala. El elemento nacional siempre pesa en un partido político como la UCR. “Alfonsín vendrá a Zapala (invitado por el diputado Sáez, del sector quiroguista) y hablará en contra del kirchnerismo”, desafían.
Claro que en el dilema radical no solo pesa lo que piensan Farizano o Quiroga. Hay muchos dirigentes que no quieren resignar la posibilidad de ser intendentes de la capital. Está Oscar Smoljan. Está Néstor Burgos. También Gastón Contardi, entre los más jóvenes. Estos referentes no se caracterizan por rendir pleitesía a Farizano o Quiroga. Tienen, o al menos creen tener, vuelo propio.
Hacen, por lo tanto, sus propias estrategias. Y presionan. A Farizano, y también a Quiroga. Pero mucho más a Farizano, que es candidato a gobernador y al mismo tiempo intendente de una ciudad complicada y exigente. La presión incide directamente en la estrategia para la coalición: “si Martín le entrega la candidatura a Mansilla, el radicalismo volverá a temblar…y otra vez hablaremos del que se rompa y no se doble”, advierten.
Todas estas especulaciones, y muchas más, se hacen ahora, en julio del 2010, un año antes de cualquier competencia real para los comicios del 2011. Esto indica que el dilema radical influirá en la gestión del gobierno del radicalismo capitalino, tanto como la interna del MPN podrá influir en la gestión de ese partido en la provincia.
Por ahora, los dilemas van atados a las especulaciones. El radicalismo tiene la llave para esclarecer uno de los principales puntos: la posibilidad de que exista en la realidad una coalición para enfrentar al MPN. Es un dilema de gran tamaño, que además puede ser como la roca que se agranda a medida que se desliza por la ladera.
Se verá en los próximos meses si el resultado es una avalancha que abre un nuevo camino lleno de esperanzas, o una catástrofe que entierra cualquier posibilidad de comunión entre distintos.



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