El laberinto de la CTA ingresó en su etapa final. Y ya nadie descarta que la Central de Trabajadores de la Argentina quede atrapada en callejones sin salida, y se fracture. La guerra numérica que se inició la misma noche del 22 de septiembre, luego de la votación, no encuentra desenlace.
La cuestión numérica ahora adquirió estatura política: La CTA, nacida y formada para contraponer democracia y transparencia sindical ante las prácticas antidemocráticas del unicato cegetista fracasó en su primer intento serio de disputa electoral interna. Justo cuando grupos violentos ligados a lo más viejo y noventista del sindicalismo empresario —la Unión Ferroviaria de José Pedraza— llegan al extremo de motorizar un asesinato político (Mariano Ferreyra), un tribunal arbitral insospechado e inapelable dictamina que hubo “fraude, actos violentos, urnas mellizas” y anula parcialmente la elección de la CTA.
“Acá nadie se baña en agua bendita, hay que aceptar que no existe un «nosotros» progresistas, inmaculados, buenos de toda bondad, por un lado, y un «ellos» burócratas, patoteros, antidemocráticos, del otro”, confesó a La Capital un muy avezado revisor de procesos electorales sindicales, ligado hace más de una década a la CTA.
A una semana de la votación, la junta electoral compuesta por siete miembros se fracturó: un cuarteto alineado con la Lista 1 constituyó mayoría y le adjudicó el triunfo por unos 18 mil votos a la lista que tiene a Pablo Micheli como candidato a secretario general. El terceto restante no avaló ese resultado, y desde entonces dejó de firmar todos los documentos emanados de la autoridad electoral.
Puesto el resultado adverso, Hugo Yasky, candidato de la Lista 10, apeló al tribunal arbitral compuesto por cinco juristas no vinculados a ningún sector. Al cabo de varias semanas, el último viernes, obtuvo una buena noticia: el tribunal aceptó la gran mayoría de sus reclamos y tomó la contundente decisión de anular por fraudulentas las elecciones en tres provincias completas, donde la Lista 1 se adjudicaba casi 13 mil votos de ventaja (sumadas en conjunto).
No son las únicas irregularidades que atendió el tribunal arbitral: también aceptó anular las elecciones sobre otras 70 mesas distribuidas en siete provincias.
Mientras la Lista 10 presiona para volver a votar en todas las mesas dónde el tribunal accedió a sus reclamos, confiando en revertir el resultado “irregular” del 22 de septiembre, la Lista 1 —si bien acepta la determinación del tribunal arbitral—, amaga con dar por cerrado el proceso electoral, aduciendo que de todos modos continúa arriba en el conteo de votos —unos 11 mil— descontando todas las mesas que el tribunal anuló.
Otra vez, para la Lista 10, esos nuevos 11mil votos de diferencia no son tales “porque si bien pusieron en cero a las tres provincias anuladas, no hicieron lo mismo con muchas mesas también anuladas de otras provincias y que nos favorecen”, aseguran desde cerca de Yasky.
El plexo teórico sobre democracia sindical constituyó la columna vertebral discursiva de la CTA, desde su nacimiento a la actualidad. En línea con la demanda de democracia sindical, que resulta creciente en un mundo laboral expansivo y complejo como disfruta la Argentina en la etapa kirchnerista. Pero, “del dicho al hecho, hay un largo trecho”, canta el Chaqueño Palavecino.
Si el progresismo reproduce, al cabo, las prácticas que tanto reclama erradicar, se habrá convertido en “ladriprogresismo”, como gustan decir las nuevas generaciones en los bordes del lenguaje urbano.




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