Por: Martin Rodríguez Yebra.Julio Cobos, un aficionado al maratón, sufre con cada minuto que se alarga la carrera más delicada en la que decidió anotarse.
Por ahora, elige seguir. Escucha consejos en sentido contrario, pero maquina que son sus rivales internos quienes preferirían verlo ya mismo fuera del primer lugar en la línea de sucesión presidencial.
El portazo de Elisa Carrió del Acuerdo Cívico le dio motivos para festejar. Carrió lo incomoda: ella ya dijo demasiadas veces que nunca lo ubicará del lado de los "honestos" en la división tajante que hace de los dirigentes políticos.
Pero Cobos también sufre el terror a la fragmentación opositora al que aportó Carrió con su decisión. El gran fantasma de Néstor Kirchner elegido presidente otra vez gracias a la implosión de sus rivales lo asusta más que a ninguno de sus colegas: basta imaginar qué será de él en el llano y derrotado por el hombre que admitió como el mayor error de su vida la elección del compañero de fórmula de su esposa en 2007.
Cuando ahora Cobos reclama construir sin más demoras "una plataforma de gobierno" entre todos los sectores que quedan en el Acuerdo Cívico, está enviando una señal conciliadora. Aunque deba pagar costos por una dualidad que la costumbre no termina de ocultar: es el vicepresidente de la Nación quien impulsa la construcción de una alternativa opositora. El que ruega que no haya más fugas. Y que promete "resignar posiciones individuales" si fuera necesario.
Otros de sus mensajes abren lecturas más finas. Insiste en la idea de un pacto de gobernabilidad con sectores del PJ y no pierde oportunidad para mostrarse cerca de figuras peronistas, como Francisco de Narváez. Alimenta (según algunos adrede) los temores de la cúpula radical: que promueva una coalición transversal en la que el partido quede relegado a un papel decorativo.
La UCR recibió a Cobos como al hijo pródigo en la cima de su popularidad, hace dos años. Le perdonó su aventura kirchnerista y borró la expulsión "de por vida" votada en 2007. Luego la conducción radical empezó a buscar una candidatura opcional para poner límite a sus aspiraciones. Encontró a Ricardo Alfonsín, hoy convertido en el rival interno que puede dejarlo fuera antes de largar.
Cobos, por ahora, decidió seguir corriendo de la misma manera. Aunque sea en un campo minado.





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