El religioso Ramiro de la Serna ratificó que una aborigen estuvo deambulando 19 horas con su hijo muerto en brazos.
En su edición de ayer, El Tribuno publicó la denuncia del fraile franciscano Ramiro de la Serna, quien en una carta contaba la historia de Graciela, una aborigen de la comunidad guaraní de Peña Morada, en Tobantirenda, Aguaray. “Toda la noche y toda la mañana esa madre deambuló por los pasillos con su hijo muerto en brazos”, dice el escrito.
“El bebé entró a la morgue a las 20.45 del viernes y está constatado y escrito en el cuaderno de vigilancia. El cuerpo se retiró de la morgue a las 11 de la mañana del sábado. Es verdad que se solucionó tarde el tema. Se trató de un problema legal y no de un problema médico. Yo lo invito a este fraile, que nos trata de inhumanos, a que venga a vivir y a trabajar acá, mano a mano y hombro a hombro con nosotros, para que no hable pavadas”, dijo Brahim.
Ayer, el sacerdote ratificó sus dichos. “Será la palabra de la gerente contra la de la Graciela y yo le creo a la madre. No estuve en el hospital, pero la gerente tampoco y tranquilamente se pudieron haber adulterado los documentos y registros de la morgue”, contestó el religioso.
“Entiendo el dolor de esa mamá y la idiosincrasia de los pueblos originarios; convivimos con ellos, son nuestra gente. ¿Cómo vamos a dejar a una madre con su bebé muerto en brazos? Es una locura. Voy a protestar porque estamos todos muy ofendidos, porque alguien con la envergadura de un sacerdote, que busca igualdad y justicia, no puede apuntarnos a nosotros sin saber realmente lo que pasó. Estoy analizando la posibilidad de iniciarle acciones legales”, agregó la gerente del hospital.
“Hay detalles del relato de la madre que me hacen pensar que no mentía. Me dijo que pidió una mesita para apoyar el cuerpo, porque ya tenía los brazos cansados”, dijo el fraile.
El cura ratificó todo
“Confirmo y ratifico todo lo que dije. La madre nunca me habló de la morgue, sino que relató que estuvo deambulando toda la noche con su hijo muerto en brazos. Me contó de su cansancio y que le hacían falta fuerzas para sostenerlo. Nunca dijo que se había separado de su hijo”, disparó el franciscano.
“A la posibilidad de que Graciela me haya mentido no le doy valor, porque me lo dijo desde una cama llorando y abrazada por sus otros cinco chiquitos. No tiene sentido y es difícil de creer que en ese momento alguien pueda fabular tantos detalles”, explicó.
“En la investigación se verá si adulteraron el libro de la morgue. Yo le creo a Graciela. No estoy loco”, concluyó.
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